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PENA AJENA

POR: TOÑO NERIO.
Cuando la gente me pregunta de donde soy y contesto que de El Salvador, me miran con un gesto de simpatía y una sonrisa. “¡Del país de bukele!”, dicen con admiración. “¡Qué suerte!”, terminan.
Yo me siento incómodo y no sé si contarles la verdad o dejarlos seguir en ese mundo de mentiras que se conoce como redes sociales.
Es que a veces me tildan de fanático o de ser de los viejos mismos de siempre. Dicen que por mi boca hablan la nostalgia del tiempo en que podía robar a manos llenas o por la envidia porque él ha hecho lo que nadie pudo y hoy El Salvador está creciendo como nunca antes, llegando a niveles de primer mundo.
Si no ando de prisa, trato de explicar que esa imagen es producto de una inmensa inversión en propaganda realizada cada hora de cada día por parte de un ejército de aduladores pagados que trabajan desde oficinas gubernamentales y muchos otros que tienen sus propias redes, o bien, agencias de publicidad profesionales en decenas de países.
Pero, la mayoría de las veces me miran con incredulidad y hasta con enojo, porque a nadie le gusta que le digan que ha caído como tonto y que se ha tragado toda la mierda por la pereza mental que le impide contrastar los datos para asegurarse de que no le están tomando el pelo.
Nadie quiere confirmar que le han visto la cara. Y lo más sencillo para no sentirse mal es decir que el que no quiere aceptar la realidad soy yo.
Un día, hace ya bastante tiempo, bukele dijo “disfruten la vida, no lean los datos”. Hacía pocos días que había desaparecido por decreto la Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTYC), que era el organismo dependiente del Ministerio de Economía que a lo largo de más de ciento cuarenta años informó con datos a los gobernantes, a los políticos, a los empresarios, a los científicos y a la ciudadanía en general acerca del rumbo del país. Eso permitió tomar decisiones en todos los ámbitos, porque la única forma de conocer el camino es a través de la luz de los datos y la información oportuna.
Precisamente la verdad fue la primera cosa que bukele destruyó desde 2019. Hoy nadie sabe nada de nada porque toda la información es inaccesible para los que no pertenecen a la cúpula de la mafia que amenaza con penas de cárcel a cualquier que se atreva a divulgar información o a hacer preguntas peligrosas que cuestionan al clan del poder.
Ocultan el estado de salud de más de cien mil prisioneros que están hacinados en las cárceles; niegan las visitas de los abogados a esos mismos prisioneros; ocultan a la defensa los expedientes judiciales de los procesos; entierran en cementerios clandestinos a los presos que se mueren por falta de atención médica o por las golpizas y las torturas, por inanición o de sed. Solo por poner un ejemplo de ocultamiento.
Sin embargo, hay datos que por fuerza tienen que reportar a los organismos internacionales como la OMS/OPS, la UNESCO, la FAO y, muy especialmente, a los que prestan dinero.
Por ahí es por donde podemos enterarnos de la verdad que se nos niega.
Y como son datos que todos los países tienen que entregar, sirven además para comparar.
Y cuando comparamos es cuando sabemos si el paisito está bien, regular o mal, porque todos son países que viven en este mismo planeta y todos comparten las mismas circunstancias. La guerra, la sequía, los huracanes, la corrupción, el fraude electoral, la dependencia respecto del imperialismo yanqui y su injerencia, etc.
Ahí, cuando ponemos uno al lado de los otros es cuando conocemos la realidad. Eso es así porque los datos son fríos, duros, contundentes.
Pero para ser justos no hay que comparar a El Salvador con México, porque es muchísimo más grande, algo así como 51 veces, ni tampoco con Brasil, que es 69 veces más grande.
Vamos a ponerlo a la par de algunos de sus “iguales” centroamericanos y caribeños y en una misma materia: las reservas monetarias. Esas ni se pueden inventar ni se pueden esconder, porque a los que prestan dinero les interesa conocer cómo van a poder recuperar su dinero para saber hasta donde le pueden prestar y cómo de qué tamaño es el riesgo de cada país para calcular la tasa de interés.
Entonces reuní esos datos y son, de mayor a menor, los siguientes (en miles de millones de dólares):
Guatemala: 32,722.2
Costa Rica: 20,907.0
Rep.Dom.: 15,821.6
Honduras: 11,640.0
Nicaragua: 9,808.6
El Salvador: 5,167.43
Haití: 2,400.0
Incluso si se le agregaran los 400 millones de dólares que bukele ha extraído del Ministerio de Hacienda para comprar bitcoines que guarda en su billetera, El Salvador no se acerca a Nicaragua ni se aleja de Haití, que es el que menos tiene en esa pequeña lista.
Entonces, realmente me da pena ajena cuando la gente me dice que gracias a bukele El Salvador ya supera a México en número de turistas y a todos los países del continente en calidad de vida de los habitantes.
De veras, me da pena por tanto gente incauta.