León con dentadura. Las grandes maniobras del Papa.
Por: Elio Masferrer Kan.
Francis Prevost, el papa León XIV comenzó a moverse, ya consolidado su liderazgo institucional e internacional. Tomó el control de la vida interna de la Iglesia Católica. Ratificó algunos aspectos estratégicos definidos por el papa Francisco, reafirmó la lucha contra los abusos sexuales del clero, evitando asumir mayores costos institucionales, aceptó arreglos con congregaciones muy poderosas y mantuvo su presión sobre el Opus Dei, entrevistándose con Garreth Gore, autor de una investigación sobre la Obra, recomendando la lectura de su libro, del que existe ya una traducción al castellano. Un hecho inédito en el Vaticano.
Confirmó a una mujer, Sor Raffaella Petrini (Hermanas Franciscanas de la Eucaristía), doctora en Ciencias políticas, en el Governarato de la Ciudad del Vaticano, reformando los cánones. El Governarato gestiona al Estado de la Ciudad del Vaticano.
Le dio juego a la derecha de la Iglesia Católica autorizando las misas en latín y no expandió los derechos de la comunidad LGTBQ, mas allá de lo autorizado por Francisco. En materia de moral sexual y familiar no generó mayores novedades, lo cual le permitió abrir canales de diálogo con la poderosa Iglesia Católica norteamericana, evitando una ruptura inminente.
Ya consolidado su liderazgo y neutralizado razonablemente las cuestiones internas se lanzó a consolidad los grandes frentes de expansión de la Iglesia Católica. Comenzó con el fortalecimiento del diálogo interreligioso, visitando Argelia, país de mayoría musulmana, donde predicara el fundador de su orden religiosa San Agustín de Hipona: Un teórico de la Razón de Estado, quien analizaría la constante confrontación entre la Ciudad de Dios, producto del amor a Dios y la Ciudad Terrena, basada en el amor a lo propio de los seres humanos, el egoísmo y la negación de Dios. Una prolongación “lógica” del pecado original.
León XIV si lee las encuestas y concluyó que era necesario iniciar la confrontación y la disputa por la Ciudad Terrena, desde la Ciudad de Dios. La caída de la popularidad del presidente Trump que oscila entre el 30% y el 38% le dio una magnífica oportunidad. Trump cayó en la trampa y lo desafió, sin darse cuenta que lo estaba reforzando. La Iglesia Católica Apostólica y Romana que está perdiendo feligreses, cerrando templos por falta de vocaciones religiosas consiguió ubicarse en el centro de la confrontación política mundial, al cuestionar, desde la caridad cristiana los abusos contra los inmigrantes, la guerra y el derramamiento de sangre y el respeto a todas las civilizaciones, cualquiera sean sus creencias religiosas. La paz debe conseguirse con la justicia y el diálogo entre las diversas civilizaciones, por más complejas que sean las diferencias.
Este golpe de timón lo puso en el centro del escenario mundial, defendió a los países europeos amenazados con los aranceles que arruinan sus precarias economías, la inmensa mayoría de los migrantes deportados de los Estados Unidos son católicos o vienen de países de mayoría católica. Los musulmanes han sufrido miles de muertos en estos frentes de “guerras asimétricas”, donde el ejercicio del poderío militar de los Estados Unidos es efectivamente incuestionable, pero la cuestión reside precisamente en que el abuso de poder debilita al poderoso.
Hasta ahora los Estados Unidos habían logrado ejercer su hegemonía mundial con pocos conflictos bélicos. La perdida de las dimensiones de las posibilidades hegemónicas se transformó en un boomerang, donde la exigencia de la humillación de los más débiles se trasforma a su vez en un cuestionamiento de la misma hegemonía mundial de los Estados Unidos. Es allí donde se coloca León XIV, un ciudadano de varios mundos, del Mundo de Dios, del Primer Mundo (Estados Unidos) y del Tercer Mundo (Perú, donde fue obispo y misionero). Esa triple ciudadanía le da una fuerza moral y política impresionante, que le permite a la alicaída y cuestionada Iglesia Católica posicionarse en la escena mundial.
El problema que tiene Trump es que elige contrincantes demasiado débiles y esta confrontación debilita el concepto de hegemonía de los Estados Unidos, definir a los narcotraficantes como un problema de seguridad nacional, cuándo es tema que debe resolver la policía; decir que Cuba, un país de 11 millones de habitantes pone en riesgo la seguridad de los americanos (370 millones) es risueño. Encarcelar al presidente Maduro para dejar en el poder a los chavistas es un error estratégico y confrontarse en una guerra asimétrica con un país de tercer nivel como Irán, y que en su lógica interna está seguir o vivir el Martirio de Alí, el fundador de la corriente chiita del Islam es pensar que el mundo termina a pocas millas después de Florida. Para más señas decir en voz alta que los iraníes se están burlando de los Estados Unidos, es asumir que su país y el mismo ya no inspiran temor o que perdieron respeto y credibilidad. Para peor está haciendo las maletas pues piensa entrevistarse con Xi, en China, otra muestra de debilidad, aunque los chinos ya aclararon que ellos tienen más de cinco mil años de civilización y hace 300 años los bisontes se paseaban por la isla de Manhattan.
En este contexto León XIV decidió mostrar que es un León con dentadura, que Trump habla demasiado y no sigue la Ley de Dios, aplicándole entonces una “llave” de teología aplicada. Así es como está festejando el primer año de su pontificado y el reposicionamiento de su Iglesia-Estado en la escena mundial. La clave de la política es iniciar la confrontación cuando tu contrincante no tiene capacidad de respuesta.
*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH
