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El Salvador. LOS DATOS SON SUEÑOS.

POR: MIGUEL BLANDINO.
Calderón de la Barca pone en boca de Segismundo la frase “los sueños, sueños son”, como conclusión de un monólogo en el que ha venido argumentando que la vida es un sueño. Todas las vidas, de todas las personas.
Creo que pudo haber usado la palabra suspiro, y hubiera tenido el mismo efecto de efimeridad.
En todo caso, pienso que nadie se va a ofender si tomo esa frase final de La Vida es Sueño en el sentido literal, freudiano, expresión de un deseo.
Es que al ver la comparecencia del equipo de seguridad nacional de los Estados Unidos ante la comisión senatorial que investiga y da seguimiento a la guerra injusta e ilegal contra Irán, el senador Mark Kelly puso contra la pared a Tulsi Gabbard -la directora nacional de inteligencia- y a toda la plana mayor. Ella era la más altanera. Los militares tenían la cara llena de vergüenza, las miradas hacia abajo y gestos de mucha incomodidad. Y con razón, porque su papel es el de obedecer las órdenes de los políticos que toman las decisiones en función de sus propios intereses. Como, por ejemplo, Trump, que decidió iniciar esta guerra para tapar sus mugrientas relaciones con las niñas que le vendía Epstein. Y para tratar de ganar puntos de cara a las elecciones de noviembre.
Pero la vergüenza llegó a niveles que tuvieron que traducirse en cólera, cuando el senador sacó de entre sus papeles la fotocopia de un mensaje de correo electrónico de Trump a sus donantes en el que a cambio de dinero les ofrece acceso a la información que se discute y los acuerdos que se toman en las reuniones del comité de seguridad nacional, que supuestamente son realizadas en secreto. Algo así como los chats privados de los yutubers en los que tienen contacto con los suscriptores que pagan su inscripción.
Fue escandalosa la hojita que sostenía en su mano el ex piloto astronauta. Todos los asistentes a la comparecencia recibieron una copia.
Y yo pensé, con un suspiro, “¡qué envidia!, poder tener acceso a la información de lo que hacen los funcionarios que están en todos los cargos que se pagan con los impuestos de la ciudadanía…”
Eso existió hasta 2019 en El Salvador, pero ya no queda ni el recuerdo. Teníamos una Ley de Acceso a la Información Pública -la famosa LAIP- que obligaba a todas las instituciones públicas a contar con una oficina y oficiales de información pública para atender todos los reclamos de información de cualquiera que tuviera interés acerca de cualquier asunto. Periodistas, estudiantes, investigadores, científicos, todos podíamos preguntar.
Hoy ya no. Nadie puede preguntar nada. A todo mundo le ofrecen la cárcel como respuesta a la inquietud. “La curiosidad mató al gato”, es la respuesta que le dan a uno con esa sonrisa sardonica que tienen los sádicos.
A mi me gustaría preguntar, por ejemplo, ¿por qué en El Salvador han aumentado en más de 500% los incendios del año pasado al presente, que solo tiene dos meses y medio?
Incendios en el Centro de San Salvador y sus zonas aledañas, en el Hotel Alameda, en San Esteban, en el Barrio Lourdes…
Pero no, mejor no. Nos quedaremos con el puro deseo, suspirando por la información, porque tener acceso a ella es un sueño, los datos sueños son.