El Rescate de la dignidad de los migrantes: un premio.
Dr. Víctor Manuel Valle Monterrosa.
Hay palabras en nuestro idioma que motivan pensamientos de acción, de constante movimiento, que son características inherentes al universo. Una vida en riesgo se rescata cuando una fuerza externa actúa para impedir la consumación del peligro.
El 18 de marzo en curso la organización El Rescate, con sede principal en Los Ángeles, California, Estados Unidos, recibió el “Premio Relaciones Humanas” adjudicado por la Comisión de Relaciones Humanas del Gobierno Municipal del Condado de Los Ángeles en el Distrito 3 de su jurisdicción.
El Premio (oficialmente en inglés John Anson Ford Human Relations Award”) ha sido establecido en memoria de un destacado periodista y político que tuvo mucha relevancia en las causas humanitarias de Los Ángeles, donde vive mucho salvadoreño migrante o hijo de migrantes que ha llegado en los últimos 50 años.
El propósito del premio es reconocer el mérito de individuos y organizaciones que defienden y fortalecen los Derechos Humanos como base de relaciones humanas saludables que promuevan la paz y la justicia y eliminen prejuicios con la convicción de que, como dijo Benito Juárez, estadista mexicano del siglo XIX, “entre los hombres como entre las naciones el respeto al derecho ajeno (al otro) es la paz”
Este hecho político, por cuanto emana de una fuente de poder político local en Estados Unidos, pasa inadvertido en un mar turbulento de noticias de fracasos humanos como son las guerras en marcha en la actualidad y la debilidad humana para actuar, movilizarse e impedirlas.
El Rescate es una excepción. Desde hace 45 años actúa y se moviliza en favor de la protección, defensa y educación de las oleadas de migrantes que, por otros fracasos humanos, deben llegar a tocar puertas, conciencias y centros de trabajo a los Estados Unidos de América, principalmente al Estado de California.
El Estado de California tiene una economía de gran peso en el mundo. Se estima que sólo EEUU, China y Alemania superan a este Estado en cuanto a monto de su producto (PIB). Además, y muy importante, los más de 700.000 salvadoreños o de origen salvadoreño (del total en EEUU estimado en más de 2 millones) que viven en ese Estado lo hacen el polo más importante de la diáspora salvadoreña en Estados Unidos, en la que Los Ángeles es donde se concentra gran parte de ella
El Rescate surgió en 1981 de los impulsos protectores del Comité de Refugiados Santana Chirino Amaya y el Consejo Ecunémico del Sur de California. Este Comité llevaba el nombre de un salvadoreño refugiado que fue deportado por el Gobierno de EEUU de entonces hacia El Salvador, donde recayó en la represión imperante y fue decapitado. Su nombre quedó como símbolo de las crueldades contra inmigrantes, como por ejemplo deportarlos hacia su muerte segura, y de los sentimientos solidarios que tanto movilizaron a organizaciones de la sociedad civil de EEUU en los 1980.
El Rescate, durante 45 años, ha proporcionado creativo consejo legal y servicios sociales conexos a la gran cantidad de refugiados salvadoreños y de otras latitudes que han tenido que llegar a Estados Unidos en búsqueda de protección a su integridad y a su futuro de vida estable, con trabajo y dignidad asegurados.
El Rescate ha efectuado una labor heroica y arriesgada. Su permanencia y legitimidad han sido construidas y consolidadas en un país con gobiernos de no siempre propensos a garantizar los derechos humanos de los inmigrantes de países subdesarrollados como El Salvador y países similares; ha funcionado durante los gobiernos de Reagan, los dos Bush, Obama, Biden y ahora Trump y siempre ha cumplido su propósito fundamental: asesorar inmigrantes en sus derechos y posibilidades de inserción legal en los Estados Unidos.
Desde el Estado de California, y concretamente desde el Condado donde se asienta la importante metrópoli de Los Ángeles, El Rescate ha sabido construir legitimidad e institucionalidad que le permiten navegar por las siempre procelosas aguas de la política, sobre todo cuando hay en ellas componentes ideológicos y no siempre asociados con el humanismo y los altos intereses de la dignidad de las personas.
Por eso, es una noticia halagüeña que El Rescate, con tan notoria labor en el rescate de la vida y la dignidad de salvadoreños y otros nacionales migrantes, reciba ese reconocimiento político y moral.
Desde El Salvador, durante muchos años y principalmente en los cinco decenios últimos, ha habido un río de dolor rumbo norte. La violencia y las precariedades expulsaban nuestra gente hacia un paraíso imaginado y deseado. No siempre encontraban condiciones óptimas. Por eso es muy meritorio que desde El Rescate se hayan aliviado esos dolores, pues esta organización ha hecho posible el rescate de la vida y la dignidad de las personas vulnerables en una inmigración llena de aprensiones e incertidumbres y originada en sociedades injustas.
Muchas personas mueven esa máquina de hacer el bien. Destaca su actual Director Ejecutivo, Salvador Sanabria, compatriota asentado en Esados Unidos desde hace más de 40 años y quien, junto a muchas otras personas, ha emprendido y mantiene una larga marcha en favor de la dignidad de los hermanos migrantes.
Con Salvador Sanabria como Director Ejecutivo, hay otros directivos que mantienen la barca El Rescate a flote y en permanente avance: Dra. Jocelyn Duarte, Dra. Stephanie Lemus y periodista Francisco Rivera, todos de raíces salvadoreñas asentados, desde hace varias décadas, en Estados Unidos de América como genuinos ciudadanos de Las Américas. Bien merecido el Premio a El Rescate como aliciente para que continúen con su meritoria labor.
