¿QUÉ HAY DETRÁS DE LA DESTITUCIÓN DE PADRINO LÓPEZ EN VENEZUELA?
Por EUGENIO FERNÁNDEZ.
Este miércoles 18 de marzo el gobierno venezolano destituía al general en jefe Vladimir Padrino López como ministro de Defensa, cargo que ocupaba desde 2014. En su lugar ha sido designado Gustavo González López, en un movimiento que coincide con una serie de decisiones políticas y económicas que están redefiniendo la posición del país en una manifiesta subordinación a los dictados de la administración estadounidense.
El anuncio de la destitución de López fue realizado por la presidenta «encargada» Delcy Rodríguez. Con la salida del general, cae el ministro de Defensa más longevo de la historia republicana venezolana y una figura que se consideró clave para el sostenimiento del aparato estatal durante los años más críticos del país.
Padrino López ha sido también durante años una figura directamente señalada y perseguida por Washington, que lo incluyó en sus listas de sanciones y llegó a acusarlo, del mismo modo que ha hecho con Nicolás Maduro, de «corrupción» y de «participar en redes de narcotráfico». Tras su desitución, Delcy Rodríguez agradeció públicamente la “lealtad” y los «servicios prestados» por Padrino López durante más de una década al frente de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Un reconocimiento similar sin embargo, realizó la propia Rodríguez al empresario Alex Saab —figura vinculada directamente a Maduro—, tras su destitución como ministro. Unos días después, el 4 de febrero, saltaba la noticia de la detención de Saab, en una supuesta operación onjunta entre el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y el Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos. Algo más de un mes después, el empresario y ex ministro continúa en paradero desconocido.
ONCE AÑOS AL FRENTE DEL APARATO MILITAR
Durante más de once años, Padrino López desempeñó un papel central en la estabilidad del Estado venezolano. En un contexto marcado por crisis económicas, conflictos políticos y tensiones internas, su función fue asegurar la cohesión de las fuerzas armadas y, con ello, la continuidad del orden existente. Por eso su destitución no puede entenderse como un simple relevo administrativo.
El sustituto de Padrino López, Gustavo González López, es un militar con trayectoria en los organismos de seguridad del Estado. Ha estado al frente del SEBIN y actualmente dirige la Dirección General de Contrainteligencia Militar, además de la Guardia de Honor Presidencial. Su designación sitúa al frente del Ministerio de Defensa a un perfil procedente del ámbito de la inteligencia en un momento marcado por cambios relevantes en la estructura política y en la orientación del gobierno.
UNA POLÍTICA DE ENTREGA EN PLENO DESARROLLO
La destitución de Padrino López se produce en paralelo a una serie de decisiones que apuntan en una misma dirección. Desde la intervención militar estadounidense del 3 de enero, el gobierno venezolano ha impulsado cambios legales que abren sectores estratégicos de la economía al capital extranjero y en particular a las empresas norteamericanas. A la reforma de la Ley de Hidrocarburos se ha sumado una nueva normativa minera que facilita la explotación de recursos por parte de grandes compañías internacionales, profundizando esa misma orientación.
Este giro ha ido acompañado de acuerdos directos con representantes del gobierno de Donald Trump en materia energética, así como de la presencia en Caracas de la encargada de negocios de Marco Rubio o el director de la CIA, John Ratcliffe, para entrevistarse con Delcy Rodríguez.
En el plano interno, las decisiones adoptadas avanzan en coherencia con ese mismo proceso. La eliminación de controles de precios en productos esenciales, la aprobación de una ley de amnistía que ha permitido la excarcelación de delincuentes vinculadas a episodios de terrorismo callejero o la suspensión del suministro de petróleo a Cuba en un momento especialmente crítico para la isla forman parte de ese «reajuste» general. Todo este proceso ha tenido su expresión más clara en la reapertura de la embajada de Estados Unidos en Caracas, un paso que no solo formaliza el restablecimiento de relaciones diplomáticas, sino que simboliza el nuevo marco político de abierta subordinación a Washington en el que se inscriben todas estas decisiones.
