El pesebre es el problema.
Por. Edwin Felipe Aldana Aguirre. Investigador y Docente Universitario.
Que el poderoso y su familia enciendan su árbol cargado de luces, eso, no significa nada. Buena parte de nuestra gente tiene como centro de la Navidad su arbolito. La diferencia es que los árboles de los poderosos y los comerciantes te hacen ver hacia arriba, te atraen y alegran tu vista.
El problema es el pesebre que te llena de esperanza, de ilusión. Alguien tan débil, tan vulnerable y parido en la indefensión más plena está ahí, haciendo presente a Dios desde una realidad de pobreza e inseguridad. ¿Por qué Dios nos muestra y nos da su amor y compasión desde esa realidad tan dura?
¿Qué pretendió San Francisco de Asís con la recreación del nacimiento humilde de Jesús allá por 1223 en Italia? Creo humildemente, que recordarnos que el terreno de Dios es la humildad, el amor, la sencillez y la misericordia. Jesús es esa semilla alejada de las grandes posibilidades, pero que es mejor apreciada desde el lugar histórico de los empobrecidos del mundo. Un niño frágil, nacido de mujer y que nos va mostrando con su vida el amor incondicional de Dios por la humanidad. Esa realidad chocante, tan poco divina para la mentalidad judía y sobre todo sionista no sólo no puede ser aceptada, sino debe ser rechazada y combatida por absurda. Esa misma mentalidad esgrimen los poderosos de todos los tiempos, para evadir y ocultar la soberanía de Dios.
Va mejor con nuestra cultura y con la renovación de sí misma, el signo del pesebre en donde nació nuestro Salvador, que cualquier subterfugio luminoso que nos atrae y nos quema como insectos. Al pesebre no van los poderosos, y sin embargo éste no está vedado para nadie. Ahí estuvieron los reyes magos que venían del oriente. Ese pesebre ahora, según el espíritu cristiano, sigue estando en la realidad de los empobrecidos, de los enfermos, de los desplazados por el sistema, de los desempleados. El pesebre nos muestra en que rumbo caminar, tanto a los pobres como tal, pero también a todos aquellos y aquellas que tienen posibilidades económicas suficientes y que han ido conociendo lo que es el amor de Jesús y el cuido amoroso de María nuestra Madre.
El Reino de Dios es un camino, el camino de Jesús; sin arreglos, sin adornos, claro y directo siendo testimonio de amor para sí mismos y para los demás. Sólo del amor surge la esperanza y surge el entendimiento, la luz, de que el pesebre y del niño nacido en él, desgraciadamente sigue pasando por la cruz, porque el mundo y no sólo los poderosos estamos de espaldas a la vida de los demás.
Jesús no murió por nuestros pecados, lo asesinó nuestro desamor y nuestro afán por la injusticia y por la riqueza a toda costa. En ese sentido, el pesebre y la cruz nos muestra la incondicionalidad y paciencia amorosa de Dios con nosotros. Qué todas las navidades nos ayuden a pedir a Dios que nos ayude a ver ese camino y nos de la valentía para recorrerlo.
El Reino de Dios es un banquete al cual todos estamos invitados, un banquete lleno de alegría, de paz y de amor solidario por los demás.
