Los escuadrones de la muerte 2 (experiencias personales)
Se escucharon detonaciones de escopeta, después de la cena, “La Pulga” salió a jugar damas chinas a la casa de enfrente junto con otros Compas del Comité. Aún no nos habíamos levantado de la mesa cuando escuché un pick-up que se estacionaba frente a la casa. Este sonido llamó mi atención y me dirigí a observar por la ventana. Había llegado el momento largamente esperado, nos visitaba el Escuadrón de la Muerte.
Por: Igor Iván Villalta Sorto*
Algunos escuadroneros, portando fusiles de asalto, se subieron a la cerca de la casa vecina, mientras los demás traían a otros jóvenes que se encontraban en lugares cercanos; los arrimaron a la pared golpeándolos fuertemente, entre ellos había miembros del Comité quienes conocían en donde se encontraban las armas y de todo lo oculto en mi casa.
Les interrogaban por los habitantes de la casa y por las subametralladoras. Salí corriendo a la mesa y les dije a mi familia que el Escuadrón de La Muerte estaba en frente de nosotros, que guardáramos todo cuanto podía comprometer a la familia, y que en cualquier momento podían ingresar por la fuerza. Le pedí a mi abuela que no fuera a hablar de nada con ellos. Sabía que muchas de las armas se habían ocultado por el eminente peligro y sólo me había quedado con una escuadra 45 mm que guardaba en la mesa de noche, unos 50 cartuchos y una granada. Inicié una desesperada carrera por guardar todo. Algunos vecinos me dijeron que les pasáramos las pañoletas del ERP y la propaganda que nos podía comprometer. A mi hermana le dije que se pusiera zapatos adecuados por si nos tocaba salir huyendo. Ella con el rostro compungido me dijo: “a vos te van a penquiar” (golpear), eso sería un alivio para lo que me iba a suceder si ellos ingresaban a la casa.
Con mi padre subimos a unos tanques de agua que teníamos sobre el servicio sanitario y así pudimos observar los movimientos de los escuadroneros. Mi padre me interrogó sobre la posibilidad de lanzar la granada, le contesté: – “no”-, -que con eso no garantizábamos nada. Además, que no sabíamos si íbamos a dañar a la demás gente que se encontraba rodeando el vehículo, más bien esa acción me parecía un suicidio. – Ya la experiencia y madurez alcanzadas en las acciones bélicas me había enseñado a no perder la calma, a actuar con sangre fría y, sobre todo, a medir mis acciones.
Se trataba de una ruleta rusa, y un mal paso podía significar la muerte. A “La Pulga” le llevaban para un lado y otro, a Edgardo le pegaban en la cabeza con una almádana, los forzaban que vieran en la cama del pick-up en donde yacían los cuerpos inermes de dos Compas recientemente asesinados, estos les hicieron frente a los soldados de la Primera Brigada de Infantería (Cuartel San Carlos), Esas fueron las detonaciones de escopeta escuchadas anteriormente. Los soldados realizaban un operativo de gran envergadura en toda la zona de Mejicanos, y Cuscatancingo. El operativo comprendía la captura y asesinato de Fito Tita, pero afortunadamente, este logró detectar los movimientos preparatorios para la emboscada logrando evadirla. Continuaron con el violento proceso del interrogatorio a los compas, preguntándoles sobre los pormenores de la casa, y por las armas; era tanta la excitación y la orgía de sangre que no recuerdo cuanto duró el trance. Pudieron haber sido minutos u horas, no sé… Pero ese tiempo relativizado, se me grabó en la mente como un hecho interminable.
A pesar de los golpes y torturas aplicadas a diestra y siniestra a los compas, nadie nos delató, nadie dijo nada, conociendo que la casa que buscaban era la nuestra y que las armas pertenecían a nosotros. Por fin el vehículo se marchó, abrimos la puerta y salió Memito (un cipote)1 que pertenecía al Comité y que vivía en una de las casas cateadas, su hermano Edgardo se apretaba la nariz de la cual manaba sangre, rápidamente nos informó: “se llevaron a La Pulga y a los otros Compas de las Fuerzas Populares de Libración (FPL)”. El resto de la noche la pasamos en vela esperando el regreso de los escuadroneros, era muy noche para salir a la calle, sabiendo que estábamos rodeados por soldados. A la mañana siguiente, salimos a nuestros trabajos como de costumbre.
*Biólogo investigador
1- Salvadoreñismo: Niño, muchacho o adolescente.
