PSICODELIA
Por: Manuel Alcántara Sáez
| Conjugar dos vidas, siquiera que sea en su andadura inicial bajo la intensidad del proceso de aprendizaje, en el eje que va de Medellín al Carmen de Viboral, con la naturaleza como urdidora de escenarios insólitos y retadores y al amparo de una sociedad ríspida donde la violencia está a flor de piel, es una tarea ímproba. Un reto literario que se aborda con meticulosidad y con un dominio del lenguaje que permite aflorar la lírica de un agudo testigo y protagonista de la realidad que además es poeta. Un texto que conjuga una mirada plural donde se dan cita la sicología, la sociología y la creación literaria La educación sentimental está configurada por legados del pasado y por la libertad que supone dejar de seguir los pasos de la educación formal. Pero también por la exploración de la experiencia con el consumo de hongos y con pepas de cacao sabanero, así como con la ingesta de aguardiente. De la confrontación con propuestas deshonestas que solo pueden conducir a la ruina total, con el influjo de una naturaleza violenta diseñada por montañas tenaces, quebradas, aguaceros, ranas, sapos, alcaravanes, garzas y luciérnagas que contrasta ferozmente con la vida cotidiana de la gran urbe, sus barrios y sus viviendas desiguales, el transporte público, los pasos peatonales que no se respetan.Rutas de arcilla, veredas sinuosas que se estrechan hasta hacer imposible el camino, rocas en las que encaramarse para ver el valle, atalayas de los sueños. Nubes erráticas, cada una con su nombre, que anuncian el devenir del día. Carreteras enrevesadas donde el control del ejército puede suponer la liberación o constituir una trampa mortal. Casas desperdigadas en lontananza de la ladera de la montaña cuya pendiente parece hacer imposible el acceso. Bares siniestros en la urbe, locales en los que todo es posible. Universidades que son excusa para estudiantes que lo que quieren es desaparecer. Viviendas que son lupanares fingidos, sin meretrices ni pasión. Escenas estudiantiles vacías. Tragos. Vuelos nocturnos del espíritu rebelde. Caos. Evaporación. Flotar en el aire. Flores embriagadoras. Obstáculos invisibles. Imágenes calidoscópicas. Pesadillas. Y luego la relación entre dos mujeres, Alicia e Isadora, que comienza en la niñez y que en su desarrollo va transformando ambas vidas en un continuado ejercicio de metamorfosis donde la soledad y la búsqueda de algo que no sé sabe ni qué es ni a dónde lleva son los motores de la iniciación. Es un juego psicológico en el que el solapamiento de trayectorias vitales unido con la fantasía no deja de estar ausente. A la par, está presente la crueldad de las relaciones humanas que arrastran el legado de un conflicto lejos de estar resuelto en el que la violencia es la partera de un sinfín de maleficios y de equívocos. El trauma del ser perdido en la montaña donde las veredas se clausuran, cuando la noche es testigo de una feroz tormenta y la posibilidad de la supervivencia es apenas un milagro. El delirio es la aparente salida, aunque seguidamente todo resulte más confuso.«Lo mejor de poder flotar es la sensación inédita de no estar tocando nada sólido, ni líquido, ni plasmático, ni gaseoso con ninguna parte del cuerpo. Ese mismo cuerpo que, por momentos, parece desintegrase en un aire que va perdiendo densidad y termina por ofrecer una resistencia insignificante. Al bajar la mirada no consigues verte a ti misma. Más o menos como sino existieras o fueras transparente, y el contacto con el aire pidiera moldear cada una de tus formas. Aun así, logras controlar tu vuelo con algo. Y ese algo, por raro que parezca es tu propia mente… ¡Más alto!, decides de pronto. Entonces, como si la decisión y el acto fueran una misma cosa, el suelo comienza a alejarse de manera lenta, constante… «(pág. 52). «Por eso digo que lo difícil es hilar. Porque uno está acostumbrado a hacerlo, dando por hecho que el movimiento del mundo tiene lugar en medio de cierta unidad aparente. Y no solo eso. Cualquier cosa que se salga de esa manera barata y facilista de contar las cosas suele llamarse delirio. Y claro, cualquiera sabe que el delirio no tiene mayor prestigio y suele resumir en una sola palabra un montón de asuntos que la gente se cansó de tratar y que, paradójicamente, se dieron por zanjados… «(págs. 174-175).Bruma, lluvia, sol huidizo, foresta agreste, aves, caminos entreverados por plantas que engalanan la más completa diversidad. Voces humanas, llanto, ruidos de animales. Sueños, ilusiones. Amistad. Tristeza. El presente que ya es futuro. El pasado en la penumbra. La familia quebrada. El amor no definido. Nubes que todo lo envuelven. Casas desperdigadas en la montaña. Frío.«Llevo más de un mes sin entrar a clase y es posible que no vuelva a hacerlo. La universidad me aburre de una manera tan radical que no alcanzas a imaginarte. Y eso que le bregué. Al principio, de solo sentir que una materia no me gustaba, no hacía más que recriminarme por qué era tan desagradecida. Era horrible. Como si una fuerza sobrenatural me obligara a seguir un camino determinado solo porque otras personas así lo habían decidido… El asunto de decepcionar a la familia nunca dejará de ser maluco. Solo que, en definitiva, no representa más que una parte de la ecuación general de la vida…» (pág. 252). «En semejante desvarío, Alicia aprovecha la ocasión para seguir observando sus propios pensamientos. Ahora que los analiza más de cerca, no le parece tan descabellado que esas largas cadenas ilógicas de ideas estrafalarias se porten igual que la luciérnaga y se la pasen titilando dentro de su cabeza en aparente azar… «(pág. 298).Pensar que no habrá una nueva ocasión, que la muerte está siempre al acecho, que los días están contados. Soñar requiere de un ímpetu para ello. ¿Por qué no los hongos? La ciudad extenúa y la huida se hace insoslayable. El monte es el refugio, turbio, agotador, pero que guarda el agua y el silencio. La violencia, siempre la violencia.«Sin embargo, varios días después, uno de los hombres armados que estuvo en la plomacera regresó alegando que Apolinar le había hecho señas a Juanda Burra, con la clara intención de avisarle sobre los movimientos que tenían lugar a sus espaldas. Una vez más, Apolinar tuvo qu perderse del pueblo y el desquiciado círculo de problemas irresolubles volvió a empezar. Años más tarde, el hombre armado que acusó a Apolinar fue dado de baja en un enfrentamiento con el ejército y Apolinar pudo regresar al pueblo… «(pág. 301). «En una curva muy cerrada, más arriba de la escuela, nos fuimos adentrando en una bruma que proyectaba un aluvión de rayos ambarinos en todas las direcciones de la noche. Y ni siquiera ahí, bañada por semejante hechizo, me pareció que la belleza innegable de las cosas fuera capaz de compensar todo lo malo. Al contrario. Esa belleza sublime era casi una afrenta. Una estafa. Una burla. Una distracción. Un decorado virtuoso que no hacía más que acompañar los escenarios más diversos de la muerte… «(pág. 316).«Por algún motivo inocultable, ella (Alicia) no es más que una invención de Isadora…» (pág. 348).Aunar todas esas piezas es tarea del orfebre espléndido que resulta Miguel Botero quien hace diez años en su debut literario ganó el premio Spiwak por su ópera prima Sueño blanco, publicada por Siglo XXI, a la que seis años más tarde seguirá Piragua. Dos obras de naturaleza diferente y distintas también a Psicodelia, escrita en las mañanas brumosas y azules de El Carmen de Viboral, pero ambas apasionantes e iluminadoras por su talento. Nacido en Bogotá en 1977 este escritor antioqueño escribe habitualmente en https://viboralblog.com y hace parte del espacio cultural La Inmaterial en El Carmen de Viboral.Miguel Botero (2025). Psicodelia. Yarumo Libros. ISBN: 978-628-96850-0-8. 397 págs. |

Y luego la relación entre dos mujeres, Alicia e Isadora, que comienza en la niñez y que en su desarrollo va transformando ambas vidas en un continuado ejercicio de metamorfosis donde la soledad y la búsqueda de algo que no sé sabe ni qué es ni a dónde lleva son los motores de la iniciación. Es un juego psicológico en el que el solapamiento de trayectorias vitales unido con la fantasía no deja de estar ausente. A la par, está presente la crueldad de las relaciones humanas que arrastran el legado de un conflicto lejos de estar resuelto en el que la violencia es la partera de un sinfín de maleficios y de equívocos. El trauma del ser perdido en la montaña donde las veredas se clausuran, cuando la noche es testigo de una feroz tormenta y la posibilidad de la supervivencia es apenas un milagro. El delirio es la aparente salida, aunque seguidamente todo resulte más confuso.«Lo mejor de poder flotar es la sensación inédita de no estar tocando nada sólido, ni líquido, ni plasmático, ni gaseoso con ninguna parte del cuerpo. Ese mismo cuerpo que, por momentos, parece desintegrase en un aire que va perdiendo densidad y termina por ofrecer una resistencia insignificante. Al bajar la mirada no consigues verte a ti misma. Más o menos como sino existieras o fueras transparente, y el contacto con el aire pidiera moldear cada una de tus formas. Aun así, logras controlar tu vuelo con algo. Y ese algo, por raro que parezca es tu propia mente… ¡Más alto!, decides de pronto. Entonces, como si la decisión y el acto fueran una misma cosa, el suelo comienza a alejarse de manera lenta, constante… «(pág. 52).
«Por eso digo que lo difícil es hilar. Porque uno está acostumbrado a hacerlo, dando por hecho que el movimiento del mundo tiene lugar en medio de cierta unidad aparente. Y no solo eso. Cualquier cosa que se salga de esa manera barata y facilista de contar las cosas suele llamarse delirio. Y claro, cualquiera sabe que el delirio no tiene mayor prestigio y suele resumir en una sola palabra un montón de asuntos que la gente se cansó de tratar y que, paradójicamente, se dieron por zanjados… «(págs. 174-175).Bruma, lluvia, sol huidizo, foresta agreste, aves, caminos entreverados por plantas que engalanan la más completa diversidad. Voces humanas, llanto, ruidos de animales. Sueños, ilusiones. Amistad. Tristeza. El presente que ya es futuro. El pasado en la penumbra. La familia quebrada. El amor no definido. Nubes que todo lo envuelven. Casas desperdigadas en la montaña. Frío.«Llevo más de un mes sin entrar a clase y es posible que no vuelva a hacerlo. La universidad me aburre de una manera tan radical que no alcanzas a imaginarte. Y eso que le bregué. Al principio, de solo sentir que una materia no me gustaba, no hacía más que recriminarme por qué era tan desagradecida. Era horrible. Como si una fuerza sobrenatural me obligara a seguir un camino determinado solo porque otras personas así lo habían decidido… El asunto de decepcionar a la familia nunca dejará de ser maluco. Solo que, en definitiva, no representa más que una parte de la ecuación general de la vida…» (pág. 252).
«En semejante desvarío, Alicia aprovecha la ocasión para seguir observando sus propios pensamientos. Ahora que los analiza más de cerca, no le parece tan descabellado que esas largas cadenas ilógicas de ideas estrafalarias se porten igual que la luciérnaga y se la pasen titilando dentro de su cabeza en aparente azar… «(pág. 298).Pensar que no habrá una nueva ocasión, que la muerte está siempre al acecho, que los días están contados. Soñar requiere de un ímpetu para ello. ¿Por qué no los hongos? La ciudad extenúa y la huida se hace insoslayable. El monte es el refugio, turbio, agotador, pero que guarda el agua y el silencio. La violencia, siempre la violencia.«Sin embargo, varios días después, uno de los hombres armados que estuvo en la plomacera regresó alegando que Apolinar le había hecho señas a Juanda Burra, con la clara intención de avisarle sobre los movimientos que tenían lugar a sus espaldas. Una vez más, Apolinar tuvo qu perderse del pueblo y el desquiciado círculo de problemas irresolubles volvió a empezar. Años más tarde, el hombre armado que acusó a Apolinar fue dado de baja en un enfrentamiento con el ejército y Apolinar pudo regresar al pueblo… «(pág. 301).
«En una curva muy cerrada, más arriba de la escuela, nos fuimos adentrando en una bruma que proyectaba un aluvión de rayos ambarinos en todas las direcciones de la noche. Y ni siquiera ahí, bañada por semejante hechizo, me pareció que la belleza innegable de las cosas fuera capaz de compensar todo lo malo. Al contrario. Esa belleza sublime era casi una afrenta. Una estafa. Una burla. Una distracción. Un decorado virtuoso que no hacía más que acompañar los escenarios más diversos de la muerte… «(pág. 316).«Por algún motivo inocultable, ella (Alicia) no es más que una invención de Isadora…» (pág. 348).Aunar todas esas piezas es tarea del orfebre espléndido que resulta Miguel Botero quien hace diez años en su debut literario ganó el premio Spiwak por su ópera prima Sueño blanco, publicada por Siglo XXI, a la que seis años más tarde seguirá Piragua. Dos obras de naturaleza diferente y distintas también a Psicodelia, escrita en las mañanas brumosas y azules de El Carmen de Viboral, pero ambas apasionantes e iluminadoras por su talento. Nacido en Bogotá en 1977 este escritor antioqueño escribe habitualmente en