El Salvador: LOGROS MÍNIMOS, ADEMÁS DE HUECOS Y FISURAS EN LOS FRENTES DE LA LUCHA SINDICAL.
Por: Róger Hernán Gutiérrez.
Los golpes en los cimientos de las bases sindicales en sus diferentes expresiones han sido arteros—llenos de argucias, engaños, formas mañosas y dolosas de hacer daño a los fundamentos sindicales.
Las argucias gubernamentales por desacreditar a las personas trabajadoras, ha sido una maniobra y práctica de larga data, los gobiernos anteriores hicieron varias formas engañosas para pretender mostrar que las personas en diferentes puestos de trabajo son ineptos, deficientes y de poco valor en experiencia y conocimientos. En el sector privado, la anuencia y contubernios de dicho sector con el gobierno de turno igualmente ha dado pauta a muchos despidos sin causa justificada y sin el debido proceso.
El problema de relaciones laborales verticales, unilaterales y siempre de provecho para los intereses políticos, económicos de la empresa, sea esta pública o privada, han hecho que las formas de hacer sindicato en dichas empresas tengan poca fuerza para exigir justicia y disponer de una defensa plena de los derechos laborales. No se manifiestan espacios dialogantes y mucho menos de negociación para establecer equidad y mejores condiciones laborales, la empresa se ha encargado de la desacreditación del sindicato, lo que conlleva a debilitar el pensamiento y acción sindical, de tal manera que hay un perjuicio permanente en las bases del sindicato que hacen un ámbito de debilidad y enfrentamiento con capacidad para resolver problemas individuales y colectivos que afectan la situación laboral de la personas trabajadoras.
El sindicato nace como reacción a patronales que abusan y atropellan los derechos laborales, en mucho con grandes fisuras y huecos de entendimiento del texto y del contexto nacional; y por ello a la hora de surgir problemas más complejos como despidos masivos, cierre de empresa, fusiones, decretos lesivos, reducciones presupuestarias, medidas de organismos internacionales (fmi y otros), supresiones de plazas, disolución de programas de funcionamiento, cambios en la operatividad, faltas de contratos de producción, altos índices inflacionarios, deuda pública, déficit fiscal, falta de impuestos progresivos para tasar la ganancia, manipulación en el control de los órganos del Estado, en elecciones o nombramientos de funcionarios que en su mayoría desconocen la ley laboral y buscan sólo llenar sus bolsillos y lucrar del trabajo producido; el sindicato no logra disponer de equipos negociadores preparados ni con las capacidades amplias para enfrentar los procesos y la situación.
El mundo del trabajo es cambiado por intereses sectarios, y hasta personales por los que dirigen el gobierno o las empresas, y los sindicatos son los últimos en reaccionar, esto se agrava por el grado de dispersión, desunión y pocos valores proyectados en la sociedad que reacciona contra los intereses sindicales, por el grado de manipulación que se ejerce por las estructuras comunicacionales dominantes gubernamentales, asociaciones empresariales y demás estructuras de poder dominantes, que mantienen anulados los procesos de desarrollo económico, social, cultural y político con carácter democrático y de beneficio para la sociedad en su conjunto.
La denuncia y diferentes formas de hacerla son logros mínimos, pero el problema está desbordado, la sociedad lo ve como algo “normal” y sin dimensionar las consecuencias que implica un alto despido de personas trabajadoras, en la causa privada el hecho que se cierren fuentes de trabajo dentro de la fabricación de ropa, alimentos, materiales de construcción, la destrucción ambiental por la construcción de infraestructura vial y de otra naturaleza, o la desertificación e improductividad del agro, etc son problemas que en teoría no se ven que puedan afectar la vida, sin entender sus efectos nocivos mediatos.
No obstante en el sector público tienen una connotación directa en la vida de las personas, hemos perdido de vista las dimensiones del problema político-laboral, y lo vemos como que sólo se tratara de grupos opositores al presidente Bukele en el poder: sin embargo, la deficiencia de los servicios públicos es algo que la gestión Bukele los ha agravado, ya no eran ni son servicios públicos eficientes, de calidad y calidez para el bienestar ciudadano, y al convertirlos en privados bajo el control del grupo dominante en el Estado, la rentabilidad no se traduce en impuestos progresivos que luego se distribuyan en el bienestar de todos los sectores de la sociedad; y la acción de reducción de personal en los servicios públicos en ningún momento al hacerlo bajo diferentes formas engañosas, desinformadas y argucias de propaganda publicitaria lo convierten en correcto y eficiente. Todo el objetivo de los despidos es totalmente falso.
La salud, vivienda, educación, cultura, y demás institucionalidad pública y servicios, está siendo afectada negativamente a los intereses de la ciudadanía, la tecnología no llenará los huecos del trabajo que desarrollan los humanos, y mucho menos suplirá a la persona trabajadora, y lo que se observa es un mayor problema, y al fallar la contraparte sindical que no logra cohesionar fuerza para revertir las medidas, en tanto no se darán los efectos deseados. El cambio no es para mejorar, ni para modernizar los servicios públicos, ni salir en un avance extraordinario como sociedad y país, todos hemos perdido y seguiremos cayendo en mayor desventura en el futuro cercano.
