Lo que dice hoy no es lo que dijo ayer: Las cifras arregladas de la dictadura
Cuando el relato invencible tropieza con su propia cantinflada
Armando Fernán / Redactor Comunitario
Si no fuera porque estamos hablando del destino, la vida y la libertad de miles de personas, el espectáculo daría para una comedia de enredo. Podría ser un episodio clásico de Cantinflas soltando monólogos confusos y laberintos retóricos que solo él entendía; o bien la viva imagen de la Chimoltrufia repitiendo con descaro su célebre frase: «¡Es que como digo una cosa, digo otra!».
Cuál es el dato en un gráfico , ahora:
Me dijeron que lo que dije no es lo que dije, pero lo que de verdad quise decir es que no es el 50% de los capturados, sino unos 6,000 o 11,000 a los que se les puede revisar la condición penal…
Semejante pirueta explicativa trae a la memoria la vieja anécdota del tío mentiroso: aquel que juraba haber visto en la vereda una culebra gigante de quince metros de largo y tan gruesa como el tronco de un árbol. Al repreguntarle días después, la culebra ya medía diez metros; al mes, medía ocho y tenía el grosor de un brazo; hasta que, al cabo del tiempo, la mítica criatura apenas alcanzaba los tres metros y cruzó tan rápido que ni le pudo ver el grosor.
Así ha quedado al descubierto el cálculo oficial: la culebra del 50% de los capturados empezó a encogerse al instante en que el peso de sus propias palabras le reventó en la cara.
La mente traicionera: Cuando el inconsciente se sincera
Los psicólogos clínicos sostienen que, cuando los problemas se arremolinan y el estrés por las situaciones no resueltas se acumula, la mente humana tiende a romper sus propios esquemas. En un chispazo de espontaneidad, la persona saca la verdad sin adorno, sin guion previo y sin tiempo para buscar la «respuesta políticamente correcta».
Eso fue exactamente lo que le sucedió al gobernante en esa conferencia de prensa. Ante los micrófonos, confesó lo que el periodismo de investigación y los organismos de derechos humanos venían denunciando desde marzo de 2022: que dentro del Régimen de Excepción hay una masa enorme de capturados hasta la mitad de los prisioneros sin verdadera peligrosidad, imputados por participaciones mínimas, «involuntarias» o bajo la figura de simples «postes» y sobre todo de inocentes a todas luces, esa gente que nunca debió ser capturada según los procedimientos correctos.
Admitir de pronto que la mitad de la población carcelaria podía optar a la libertad asistida o a medidas sustitutivas fue el reconocimiento implícito de un desastre judicial masivo. El tiro le salió por la culata.
El control de daños: Inventar un «malentendido» para salvar el relato
La reacción no se hizo esperar. Cuando las granjas de bots, los propagandistas,opinadores y la batería de diputados escucharon la cifra, el pánico se apoderó de Casa Presidencial. ¿Cómo sostener durante cuatro años y siete meses que «el 100% de los detenidos son terroristas» y de pronto aceptar que 40,000 personas no debían estar entre rejas?
Ahí comenzó el recule. El aparato comunicacional tuvo que salir de prisa a matizar la metida de pata, recortando números, ajustando el guion y reduciendo el porcentaje a un conteo vago de 50,000 o 11,000 y luego del analisis solo 5,000 casos que pasarían a programas de «Cero Ocio». Intentaron convertir un acto de sinceridad no planificado en un «error de interpretación del periodismo».
Por eso conviene distinguir entre un error, una imprecisión, una contradicción y una mentira deliberada. No son lo mismo. La intención de engañar no se demuestra únicamente porque una declaración haya cambiado o necesitado aclaraciones , la manipulación tiene muchas aristas.
El «juez de la calle» y la fabricación de culpables
En la masa de miles de capturados no todos resultaron de investigaciones científicas ni de inteligencia policial depurada ,pues el dato de los verdaderos pandilleros ya se tenía mapeado desde años atrás, con la redada masiva se rompió ese criterio ,producto de ello es que de los 20 mil presos en el CECOT, la gran mayoría ,junto a sus líderes ya estaban presos desde las administración anterior. El resultado de 100 mil ó 95,000 para otros ,es el producto directo de una política brutal donde la estadistica incluye a personas por haber el delito de vivir en la colonia equivocada o «zonas calientes», ser víctima de una llamada anónima por venganza entre vecinos, o simplemente cruzarse en el camino del capricho de un agente o soldado.
No hay que olvidar que, el fallecido ex director de la policía a cargo autorizó implícitamente a policías y soldados para convertirse en los «jueces de la calle». Con esa consigna y orden,salieron a realizar redadas masivas en comunidades pobres, arrastrando en la misma red a justos y a pecadores bajo la consigna de llenar cuotas y estadísticas,de eso abundan los testimonios .
De ahí nace la gran perversión del discurso oficial:
Hay colaboradores en mayor o menor grado: Nadie niega que existan personas que tuvieron que ceder o vincularse con estructuras criminales.
Pero hay miles de INOCENTES: Ciudadanos trabajadores, jóvenes y campesinos sin falta ni delito alguno que el régimen pretende visibilizar hoy únicamente como «colaboradores leves».
Esa es la maniobra cobarde: para no admitir que encarcelaron a miles de inocentes por puro capricho y propaganda, prefieren etiquetarlos a todos como «colaboradores». Quieren que el inocente pague el costo del error estatal, forzándolo a salir a la calle con una mancha penal que nunca le correspondió, solo para evitar que Casa Presidencial tenga que pedir perdón y pagar indemnizaciones por la barbarie cometida.
Pero la fisura en la narrativa de hierro ya está hecha:
Saben que el sistema judicial está desbordado de inocentes retenidos para abultar estadísticas de exportación.Además se cuidan del cálculo internacional . La reducción precipitada de cifras busca blindar al Estado frente a la acumulación de denuncias por crímenes de lesa humanidad en tribunales internacionales.Para ello pretenden que, para salir en «libertad asistida», la víctima acepte el rótulo de «colaborador», una trampa legal diseñada para que el inocente renuncie a exigir indemnizaciones y justicia posterior.
¿Cómo detectar la mentira y el engaño del poder?
¿Cuándo ocurrió? ¿Dónde? ¿Quién más lo vió? ¿Cómo sabes la cantidad? ¿Tienes algún dato que permita comprobarlo?La historia terminaba perdiendo tamaño cuando se enfrentaba a las preguntas.
La mentira se parece a la culebra de mi tío: se estira o se encoge según convenga. Cuando una cifra o un discurso cambia de tamaño ante la presión mediática y las circunstancias, conviene detenerse y comprobar qué hay detrás de esa transformación. También debemos vigilar nuestra propia tendencia a creer solo lo que confirma nuestras ideas. Una noticia no se vuelve verdadera porque favorezca a nuestro bando ni falsa porque perjudique al adversario. La clave está en contrastar las palabras con los datos, las declaraciones con los hechos y las promesas con los resultados.
Escucha las contradicciones no forzadas: El mentiroso sistemático suele caer por su propia boca cuando intenta improvisar. Presta atención a esos momentos donde la narrativa se quiebra por un «desliz», porque ahí habita la realidad que la propaganda intenta ocultar.Quien gobierna con justicia no necesita recurrir a cantinfadas ni a excusas al estilo Chimoltrufia. La verdadera eficiencia judicial se prueba con debido proceso, jueces independientes y pruebas, no con discursos que hoy dicen una cosa y mañana la desmienten.
La verdad ha tardado, pero ha empezado a despejar la niebla. El relato invencible se desmorona en su propia retórica: cuando el gobernante confunde sus propios números, es la ciudadanía la que debe abrir los ojos.
