El Salvador: PODER ADQUISITIVO PARA TODOS, UNA DEMANDA SOCIO LABORAL QUE RESOLVERÍA UN PROBLEMA DE ECONOMÍA, ES UNA LUCHA PENDIENTE
Por: Róger Hernán Gutiérrez. *
Es claro que la quincena 25, y otras medidas anteriores puntuales de tipo económico del Presidente Bukele, no resuelven el problema del poder adquisitivo o de compra de las personas trabajadoras, el cual todos sabemos que no se tiene por diferentes razones—la más impactante en la economía familiar de la mayoría de pobres y empobrecidos que no lo tienen, es el alto costo de vida. Y el dar un 50% del salario a determinados grupos laborales que laboran en la formalidad—especialmente los empleados públicos a través de un presupuesto de la nación—obtenido a base de impuestos que todos pagamos, el endeudamiento público y otros ingresos como préstamos, son según algunos economistas cerca de 72 millones usd, que tendrán que salir de alguna fuente afectando otras necesidades fundamentales para la gente.
Según se dice para paliar los gastos de enero, siendo a priori que se define como un mes crítico para los bolsillos supuestamente de todos—sólo empleados públicos- y algunos privados que laboran en empresas asociadas con el programa del gobierno; quizás para los despedidos de diciembre—sin empleo y que les adeudan parte o toda su indemnización—se convierte en totalmente demagógico, pues mientras unos van coyol quebrado-coyol comido—los que tienen un trabajo formal, otros muchos sólo alcanzan niveles de subsistencia precaria todos los meses del año, y que son la mayoría; pero como siempre eso no interesa y con mucho bombo y platillo se anuncia como la panacea—es decir la cura milagrosa, como los agromercados y otros aspectos puntuales que no son en nada una mejora económica familiar y de bienestar social en general, ni una medida que va tratar los problemas graves de la economía, que están afectando a diario y hace varios años la vida de la gente.
El poder adquisitivo en El Salvador está muy limitado, con un ingreso promedio por persona de unos $225 mensuales (oct 2025), con una canasta básica que va más allá de los $700, muy por arriba de los 408.80 usd incrementados el año pasado, eso hablando del empleo formal, lo que está generando dificultades para cubrir necesidades básicas como alimentos, vivienda, cuidado, salud y educación, a pesar de ajustes en el salario mínimo, con un crecimiento económico lento y bajo nivel de vida general internamente y comparado regionalmente. La inflación en alimentos, a pesar de los selectivos agromercados y la alta dependencia de importaciones que impactan negativamente—en tanto el consumo se cubre con las remesas—erosionando el poder de compra, persistiendo las mismas injusticias en la distribución de riqueza y la calidad de vida.
El poder adquisitivo sigue sin la capacidad de comprar bienes y servicios con una cantidad determinada de dinero, y con la quincena 25 aún estamos muy lejos de mejorarlo, dado que la mayoría de personas no tiene las capacidades para obtener los ingresos permanentes, necesarios y suficientes. Sabemos que hay un costo de vida que es muy alto dado que lo suben más rápido que los salarios (debido a la inflación), haciendo que el dinero «valga menos» y comprando cada vez menos cosas sustanciales para vivir. Es el factor principal que está reduciendo las capacidades de compra de mucha de la población con empleo y sin el, a niveles de una alta precariedad y empobrecimiento acelerado; que mantiene condiciones de nulo bienestar individual, familiar y comunitario de manera generalizada.
Es por ello que la quincena 25 es sólo un paliativo que favorece una popularidad del mandatario que cada día buscará afianzar el nuevo sexenio, por cuanto los niveles de empleo son bajos y continuará así por los problemas de la economía, además mucha empresa privada no lo cumplirá hasta que sea obligatorio—dizque el próximo año—dejando atrás mucha injusticia, en tanto la clase laboral no podrá gozarlo por encontrarse sin empleo y sin poder adquisitivo estructural, lo cual implica condiciones paupérrimas de existencia—lo que se traduce en mayor injusticia social, igual como sucede con el aguinaldo, y el goce de salarios en claras diferencias sustanciales por condiciones laborales muy distintas para los sectores formales, que es una minoría, en detrimento de los sectores laborales en la informalidad.
Una quincena 25 para quiénes, sólo para los sectores que disponen de un mínimo poder de compra, que claramente no es suficiente, pero en comparación con mucha población laboral sin ninguna protección social, es una enorme bofetada. Políticas económicas como impuestos regresivos—el caso de la elusión fiscal en la maquila—que no va dar la quincena 25, a pesar de haberse acumulado en su favor desde la década del 90 bastantes millones de usd, hacen insostenible este tipo de medidas que huelen bastante a lo electoral, los salarios mínimos no compensan el costo de vida y otras políticas que afectan directamente la riqueza disponible en favor de los que tienen, y que al verse dadas de arriba hacia abajo, sin diálogo social y participación democrática, no cumplirán jamás con la justicia social.
*Sindicalista salvadoreño.
