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Los conflictos étnicos y religiosos en Irán.

Por: Elio Masferrer Kan. *

En estos días Irán en noticia, lo más notable para un antropólogo es como los analistas soslayan la diversidad y complejidad de la sociedad iraní, para analizarla como un bloque homogéneo en términos culturales, religiosos y sociales lo cual dificulta la comprensión de los conflictos y tienden a verlo como un proceso circunscrito a las manifestaciones de protesta.

Es importante recordar que entre 1978 y 1979 se produjo la Revolución Islámica de Irán que implicó el derrocamiento del gobierno prooccidental del sah Mohammad Reza Pahleví y se instaló una república islámica. Este concepto implicó la subordinación de la república a la vigilancia política y teológica del Ayatollah Koimeni y a su muerte se instaló un Consejo de Teólogos que supervisa la acción política y tiene poderes constitucionales para destituir legisladores, ministros de estado e incluso al presidente de la república, también como resultado del proceso se configuró la Guardia Revolucionaria que es el ejército nacional, a la vez que un instrumento político religioso para preservar los preceptos islámicos.

La sociedad iraní es un estado multiétnico, plurilingüístico con diversidad religiosa. Si bien alrededor del 62% son de lenguas iraníes, alrededor del 51% son de habla persa y el resto son mazandaraníes y guilakíes. Los iranies practican diversas variantes del islam chiita, pero el 10 % de la población es kurda y son musulmanes sunnitas. Existen también hablantes de luri, talyshies, tatíes, baluchies, túrquicos, azerbaiyanos, árabes, asirios, judíos, armenios, georgianos y circasianos. La comunidad judía abarca más de 10,000 personas y es la más numerosa en un país musulmán.

Es importante destacar que la sociedad iraní tiene una complejidad económica muy diversa, pues si bien tiene poblaciones campesinas, más de la mitad de la población vive en ciudades, donde hay estructuras de clases sociales, con procesos de diferenciación social muy sofisticados, donde se agudizan los conflictos sociales como resultado del bloqueo económico y las sanciones que le aplican.

Los chiitas son alrededor del 10% de toda la población musulmana mundial, Irak e Irán son los países con mayor porcentaje de población chií y las autoridades de Irán manejan con criterios políticos y militares el respaldo a movimientos revolucionarios chiitas como Hezbolah en Líbano, los huties de Yemen y otras expresiones religiosas similares, lo cual los confronta con las potencias musulmanas sunnitas como Arabia Saudita (residencia de los lugares mas sagrados del Islam), los Emiratos Árabes Unidos y Egipto. Irán y Catar son considerados las principales fuentes de financiamiento de Hamas en Gaza, el cuál a su vez está confrontado con la Autoridad Nacional Palestina (sunnitas), que es liderada por Al Fatah, la cual es reconocida por una cifra importante de países como Estado.

Volviendo al conflicto social, étnico y religioso en Irán debemos entender que la estructura política que surgió de la Revolución Islámica de Irán de 1979 está rebasada por la propia dinámica social, económica y cultural de la sociedad iraní, por una parte, la mitad de la población persa, trata de “persificar” a la otra mitad, lo cual implica una situación de violencia étnica. También las concepciones fundamentalistas de los clérigos chiitas persas, no necesariamente son compartidas por sus feligreses de la misma etnia y menos por los musulmanes de otras etnias o que pertenecen a la tradición sunnita. Además, la propia Guardia Revolucionaria se instala como una fuerza política militar que defiende un conjunto de derechos y privilegios corporativos, que la ponen en conflicto con su propia población y los otros grupos étnicos, lingüísticos y religiosos. Complica aún más la situación los procesos de cambio cultural en las generaciones más jóvenes que no comparten los criterios de los que vivieron el Proceso revolucionario de 1979.

Dentro de una concepción mesiánica de la variante chiita está incluida la cuestión militar contra los sunnitas, los occidentales y el Estado de Israel, lo cual tiene un costo político y económico que no necesariamente están interesados en asumir la mayoría de la población iraní. En esta perspectiva debemos comprender por qué tanto Israel como las potencias musulmanas regionales sunnitas le plantearon a Trump que no bombardeara Irán. Si se diera el caso estarían legitimando a Irán como el que realmente está confrontado contra los “enemigos” del Islam, mientras que dejaría a los sunnitas como simples “títeres del Gran Satán”, cómo denominaba el Ayatollah Komeni a los Estados Unidos.

No debemos olvidar que la dinámica de las alianzas en el mundo musulmán es “yo contra mi hermano”, “mi hermano y yo contra mi primo”, “mi primo, mi hermano y yo contra el extranjero (los infieles””.

*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH.