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FABRICANDO EL CONSENSO.

POR: JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.

El lingüista estadounidense de origen judío, Noam Chomsky, publica el ensayo “Fabricando el consenso: el control de los medios masivos de comunicación” en mil novecientos noventa y tres.

Chomsky inicia escribiendo dos conceptos distintos de democracia. En una sociedad democrática la gente tiene a su alcance los recursos para participar en la gestión de sus asuntos particulares, por lo que los medios de información deben ser libres e imparciales. La idea alternativa de democracia dice, que no se puede permitir que la gente se haga cargo de sus propios asuntos. Entonces, los medios de información deben ser fuertes y rígidamente controlados.

La primera operación moderna de propaganda, llevada a cabo por un gobierno, ocurrió en el mandato de Woodrow Wilson. En ese momento, la población norteamericana no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea. Se creó la Comisión Creel, comisión de propaganda gubernamental y logró convertir una población pacífica en histérica y belicista, que quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera a alemán.

Después de la primera guerra mundial, se utilizaron las mismas técnicas para alimentar lo que se conocería como Miedo Rojo. Esto permitió la destrucción de sindicatos y el pensamiento crítico. El poder financiero y empresarial de los medios de comunicación fomentaron y prestaron apoyo a esta operación, igualmente, participaron en la ofensiva de Wilson intelectuales progresistas, capaces de convencer a la población reticente de ir a una guerra, aterrorizándola y suscitando un fanatismo patriótico. Se fabricaron montones de atrocidades, presuntamente cometidos por los alemanes, buena parte inventadas por el ministerio británico de propaganda. El propósito es dirigir el pensamiento de la mayor parte del mundo. Cuando la propaganda dimana del Estado, recibe apoyo de las clases de un nivel cultural elevado y no se permite ninguna desviación en su contenido.

Teóricos liberales y figuras de los medios de comunicación pueden utilizarse para fabricar consenso y producir en la población la aceptación de algo moralmente no deseado. Tales como Ludwig von Mises y Ayn Rand, como teóricos liberales y Ben Shapiro y Tucker Carlson como figuras de los medios de comunicación. Ya que solo una élite reducida puede entender cuáles son aquellos intereses comunes que nos convienen a todos. Este planteamiento es típicamente leninista, dirá Chomsky. Una vanguardia de intelectuales revolucionarios toma el poder mediante revoluciones populares, proporcionando la fuerza necesaria para conducir a las masas insulsas,  incapaces de comprender por sí mismas.

El autor expresa que en una democracia progresiva hay distintas clases de ciudadanía. La clase especializada, ciudadanos que asumen un papel activo en cuestiones relativos al gobierno, formados en universidades privadas reconocidas internacionalmente por su prestigio académico, selectividad y elitismo social. Estas forman la Ivy League, instituciones académicas que incluyen Harvard, Yale, Princeton, Columbia, Brown, Dartmouth, Cornell y la Universidad de Pensilvania. La mayoría de la población, constituye el rebaño confundido, su rol es ser espectadores. El sistema razona que hay que protegerse de este rebaño confundido cuando brama y pisotea. Estos, de vez en cuando gozan de liberarse de ciertas cargas en la persona de algún miembro de la clase especializada al convertirlo en su líder. Una vez que se han liberado de su carga y traspasado esto a algún miembro de la clase especializada, se espera que ellos se apoltronen y se conviertan en espectadores de la acción y no en sus participantes. La postura de los dueños de la sociedad es que la gente es sumamente insensata para comprender las cosas. Si los individuos trataran de participar en la gestión de los asuntos que le afectan o interesan, lo único que harían solo es provocar líos. Por lo que resulta impropio e inmoral permitir que lo hagan. Hay que domesticar al rebaño confundido y no dejarle que brame y pisotee y destruya las cosas. Por ello es necesaria la fabricación del consenso.

La clase política y los responsables de tomar decisiones son los encargados de ello. La premisa no declarada es como se llegó a obtener la autoridad para tomar decisiones. La forma de obtenerla es sirviendo a la gente que tiene el poder real, es decir, a los dueños de la sociedad. Si los miembros del grupo especializado pueden ser útiles a sus intereses, pasan a formar parte del grupo ejecutivo. Estos hacen lo posible para que penetren en ellos las creencias y doctrinas que servirán a los intereses de los dueños de la sociedad, la mayoría de ellos son miembros de sociedades secretas como la masonería, Skull and Bones y Scroll and Key, cuyos integrantes han llegado a ser presidentes, senadores y jueces. Tenemos un sistema educacional dirigido a  la clase especializada, la cual es adoctrinada en los valores e intereses del poder real. Al resto del rebaño desconcertado habrá que distraerlo y hacer que se dirija su atención a cualquier otra cosa.

Reinold Niebuhr, teólogo y crítico de la política internacional, considera que la racionalidad es una habilidad al alcance de muy pocos. La mayoría de la gente se guía por emociones e impulsos. Aquellos que poseen la capacidad lógica, tienen que crear las ilusiones necesarias y simplificaciones acentuadas en lo emocional. Con el objeto que la gente simple y boba vayan más o menos bogando. Harold Lasswell, fundador del moderno sector de las comunicaciones expresa que, “somos nosotros lo que tenemos que asegurarnos que ellos no gocen de la oportunidad de actuar basándose en juicios erróneos”. Hay que dirigir su atención con técnicas de propaganda.

La propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al Estado Totalitario, expresa Chomsky. Los Estados Unidos crearon la Industria de las Relaciones Públicas, su cometido es controlar la opinión pública, la cual es el mayor peligro que enfrentan las corporaciones. La gente que se dedica a las relaciones públicas, está intentando inculcar los valores correctos y tienen una idea de lo que debería ser la democracia: sistema en que la clase especializada esta entrenada para trabajar al servicio de los dueños de la sociedad, mientras que al resto de la población se le priva de toda forma de organización para evitar así los problemas que pudieran causar.

El rebaño confundido es un problema y para ello habrá que distraerlo viendo partidos de fútbol, culebrones y películas violentas. Aunque de vez en cuando hay que sacarlos del sopor y convocarlos a corear eslóganes. Hay que atemorizarles de todos los males que pueden destruirles desde dentro o desde fuera. Ya que podrían empezar a pensar por sí mismos, lo cual es peligroso, por ello, es importante distraerlos y marginarles. Asimismo, los medios de información son un monopolio corporativo donde todos expresan los mismos puntos de vista: Fox News, Wall Street Journal, National Review, New York Post, entre otros.

La esencia de la democracia es la ingeniería del consenso. Individuos capaces de fabricar consenso son los que tienen los recursos y el poder de hacerlo. Esta es la comunidad financiera y empresarial, para ellos trabajamos, dirá Edward Bernays, el padre de las relaciones públicas.

Desde el momento que un individuo no encuentra la manera de unirse a otros que compartan o refuerzan su parecer, acaba permaneciendo al margen, sin prestar atención a lo que ocurre, mirando a otro lado. El peligro de la democracia es que si puede organizarse, si la gente no permanece pegada al televisor pueden aparecer ideas extravagantes. Hay que desviar la atención del rebaño confundido, ya que si empezaran a darse cuenta de lo que les ocurre podrían no gustarle. Hay que entretenerlas y avivar el miedo a sus enemigos.

Se fabrica algún monstruo de primera línea del que hay que defenderse. Luego, se produce una ofensiva ideológica seguida de campañas para aniquilarlo. No es simplemente manipulación informativa. El rebaño confundido se encuentra marginado, dirigido, amedrentado, sometido a la repetición inconsciente de eslóganes patrióticos, imbuido de un temor reverencial hacia el líder que le salva de la destrucción.

Por ejemplo, tras la muerte de Hugo Chávez en el dos mil trece, el imperialismo estadounidense intensificó sus procedimientos contra Nicolás Maduro: sanciones económicas, aislamiento diplomático, apoyo a la oposición, operaciones militares de presión en el Caribe y campañas mediáticas de deslegitimación, señalándolo como el capo del “Cartel de los Soles”. Estos mecanismos buscaban debilitar al régimen y forzar su salida del poder, culminando con el secuestro de Maduro en enero de dos mil veintiséis.

El “Cartel de los Soles”, para algunos investigadores es una red de narcotráfico vinculada a altos mandos militares venezolanos, otros expertos cuestionan su existencia. En cuanto al secuestro de Nicolás Maduro, múltiples analistas coinciden en que el petróleo venezolano, con las mayores reservas probadas del mundo, fue el objetivo estratégico central del secuestro de Maduro. Algunos analistas interpretan el secuestro de Maduro como una “cortina de humo” para desviar la atención de los archivos del caso de Jeffrey Epstein. Donde el presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido mencionado, principalmente, en relación con acusaciones de violación y abuso sexual.