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Reseña del libro: EL PELIGROSO CASO DE DONALD TRUMP.

Por José Guillermo Mártir Hidalgo.

Existe controversia en la psiquiatría estadounidense sobre la salud mental y la peligrosidad de Donald Trump. La llamada Regla Goldwater considera poco ético emitir opiniones diagnósticas sobre figuras públicas que no han sido examinadas personalmente; esa es la postura oficial de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA).

Como candidato, Trump encarnó rasgos que muchos juzgaron incompatibles con la presidencia. Se dirigía a mujeres con comentarios denigrantes y de contenido sexual. En 2018 realizó observaciones ofensivas sobre Haití y otras naciones africanas. Para numerosos psiquiatras, esas declaraciones y conductas constituyen indicios de uno o varios trastornos mentales.

El libro editado por Bandy Xenobia Lee, psiquiatra forense, recopila las presentaciones de una conferencia celebrada en New Haven, Connecticut, en abril de 2017. Titulado El peligroso caso de Donald Trump: 27 psiquiatras y expertos en salud mental evalúan a un presidente, el volumen reúne veintiocho capítulos en los que los autores no coinciden plenamente sobre el diagnóstico, pero sí convergen en la convicción de que Trump está mentalmente enfermo, es peligroso, o ambas cosas. Persiste, sin embargo, la discordia acerca de la naturaleza exacta del trastorno.

Los autores reconocen la existencia de la Regla Goldwater y describen la intimidación ejercida por la dirección de la APA y su comité de ética. La pregunta central del libro es si Donald Trump es apto para ocupar la presidencia. La peligrosidad del mandatario preocupa especialmente a Estados Unidos, sobre todo a los pobres y marginados, quienes podrían resultar perjudicados por sus políticas. La intención de los compiladores fue dar a conocer descripciones y diagnósticos sobre figuras públicas sin evaluación clínica formal, lo que supone un desafío al principio de la APA.

El estándar para una evaluación psiquiátrica exige una entrevista presencial, historial médico y un sujeto capaz de relatar de forma coherente su trayectoria. Por el contrario, limitarse a ver grabaciones de vídeo no es la práctica habitual. También conviene considerar que contextos sociohistóricos, políticos y científicos pueden promover, descartar o modificar sistemas diagnósticos por motivos políticos, oportunistas o prejuiciosos. Hay diagnósticos formales e informales que han caído en desuso, y otros que han surgido con posterioridad.

Ofrecer diagnósticos sobre una figura pública sin entrevista personal es una práctica técnica y éticamente cuestionable. La cuestión empírica es cuál es el mejor método para realizar un diagnóstico válido. Cuando un médico habla de un caso, normalmente se refiere a una persona que se convierte en paciente: con historial clínico, síntomas, pruebas de laboratorio y comorbilidades. El caso de Trump no reúne esas condiciones, pese a las conclusiones diagnósticas que algunos autores sostienen.

Se han planteado posibles causas neurológicas y médicas del deterioro de sus habilidades cognitivas y de su falta de control de impulsos, incluidas la desinhibición del lóbulo frontal y hábitos antisociales. El libro está dividido en tres secciones: la primera expone argumentos legales y cuestiones diagnósticas; la segunda analiza el problema de la peligrosidad; y la tercera examina el impacto de la personalidad de Trump y sus políticas en distintos grupos de población.

Las propuestas diagnósticas incluyen combinaciones de trastorno narcisista de la personalidad y rasgos antisociales, narcisismo maligno, trastorno bipolar, personalidad paranoide, psicosis paranoide y deterioro cognitivo compatible con demencia incipiente. La conducta observada —auto engrandecimiento, mentiras, sarcasmo, jactancia, intimidación, culpabilización de otros y necesidad constante de elogios— respalda esas hipótesis para algunos expertos.

Las declaraciones de Trump han socavado la confianza en la comunidad de inteligencia, incitado ataques contra opositores políticos y periodistas, incluido comentarios sobre el uso de la energía y armas nucleares, insultos a líderes aliados y burlas a líderes opositores. Los psiquiatras sostienen que, como ciudadanos, su deber es advertir sobre los riesgos que representa. Analizan además los efectos del presidente en la psique colectiva e individual, y consideran que una parte importante de la población estadounidense ha sido víctima de sus hipérboles y conductas intimidatorias.

Como antecedente, Jonathan Davidson presenta el estudio “Enfermedades mentales en los presidentes de Estados Unidos desde 1776 hasta 1974”, que revela que alrededor de la mitad de los presidentes padeció algún trastorno mental. James Madison, John Quincy Adams, Franklin Pierce y Abraham Lincoln sufrieron depresión severa; Thomas Jefferson, Ulysses Grant y Woodrow Wilson mostraron signos de ansiedad y trastorno bipolar; Lyndon Johnson y Theodore Roosevelt también experimentaron episodios bipolares.

Trump es un maestro de la gestión de la imagen: un camaleón difícil de encasillar en una sola categoría. La personalidad anormal, en este contexto, se entiende como el anhelo de aparentar ante los demás y ante sí mismo ser más de lo que uno es y experimentar cosas que no podrá sostener.

El filósofo y psiquiatra alemán Karl Jaspers consideraba las personalidades anormales como variantes de la naturaleza más que pruebas inequívocas de enfermedad. El libro identifica dos carencias: la falta de análisis psiquiátrico especializado sobre conductas impropias de un presidente y su idoneidad para el cargo; y la ausencia de una crítica sustantiva a la Regla Goldwater, que limita la libertad de los psiquiatras para comentar públicamente sobre el estado mental de figuras públicas.

En resumen, los autores concluyen que la salud mental de Trump representa un peligro real para Estados Unidos. Su comportamiento errático y la carencia de empatía podrían conducir a decisiones peligrosas, incluida la posibilidad de un conflicto nuclear. El libro explora la tensión entre la confidencialidad profesional y el deber de advertir sobre los riesgos que un líder así puede entrañar para la sociedad.

Para los compiladores, Trump muestra rasgos de trastorno narcisista de la personalidad —percepción exagerada de su importancia y falta de empatía—; su conducta errática y la propensión a mentir también han llevado a algunos a plantear la hipótesis de deterioro cognitivo. La presidencia de Trump habría tenido, según los autores, un impacto negativo en la salud mental de muchos estadounidenses, especialmente de los grupos vulnerables. Ellos reconocen, no obstante, que su aproximación contraviene la Regla Goldwater, que prohíbe a los psiquiatras opinar públicamente sobre la salud mental de figuras públicas sin evaluación personal.