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LA CUESTIÓN NACIONAL

POR: TOÑO NERIO.
El 2 de abril de 1982 y durante las diez semanas siguientes todos los latinoamericanos de honor fuimos argentinos. No para respaldar a un gobierno asesino que había iniciado la guerra para conseguir sus intereses mezquinos, sino porque la tierra de las Islas Malvinas es territorio de nuestro continente y está ocupado por una potencia imperial que cuenta con el apoyo indisoluble del imperio que nos oprime a todos.
Aquel día aciago para nosotros, estábamos estudiando y entrenándonos en el Área 100 de una escuela militar en la Vía Blanca, en Cuba.
Fidel habló de mandar ayuda militar para combatir por la soberanía de nuestro continente.
Entonces aclaró que su declaración no era para respaldar a la junta criminal sino por la dignidad del continente humillado por los anglosajones enemigos de la humanidad, como dice la letra histórica del Himno del Frente Sandinista.
Y recordó entre otras razones la humillante presencia de los ocupantes de Guantánamo en el propio territorio cubano.
Todos queríamos ir en el destacamento a pelear con nuestros hermanos soldados argentinos.
En otro plano, el ejército argentino era nuestro enemigo ideológico por su lucha de contra insurgencia, pero tratándose de la soberanía territorial de América Latina, nuestras armas y las de los soldados argentinos tenían un solo propósito y un mismo blanco: el pecho del enemigo invasor.
Hoy, Javier Milei quiere cambiar la historia y besa la bandera del opresor. Daniel Noboa abre las fronteras para que el ejército invasor instale sus cuarteles en suelo ecuatoriano para facilitarle la agresión a Colombia y repudia la historia ecuatoriana que desconoce porque él es ciudadano de otro país. Nada diferente del miserable bukele que dice que nuestra lucha de liberación nacional fue una farsa que organizamos los izquierdistas en alianza con los derechistas para, juntos, explotar mejor al pueblo humilde de El Salvador.
Los militantes de la Fuerzas Populares de Liberación (FPL) Farabundo Martí -miembros de la alianza conocida como FMLN- que estábamos aquel día en Cuba sabíamos perfectamente que en la lucha contra las fuerzas colonialistas y por la liberación nacional el enemigo extranjero es uno solo y es nuestra obligación combatirlo en cualquier continente.
La cuestión nacional es prioritaria como parte de la lucha de clases y la solidaridad internacionalista proletaria es un principio indeclinable. Damos su lugar a la lucha contra el ejército enemigo de la burguesía y oligarquía opresora, dependiente del imperialismo, pero estamos claros de que el enemigo fundamental es el imperialismo colonialista.
Hoy lo vemos en vivo en Líbano, donde el gobierno libanés aliado de los imperialistas no defiende su territorio ni a su pueblo y tienen que ser las milicias de Hezbollah las que enfrentan al ejército invasor sionista. Está bien marcada la diferencia de clase de ambas fuerzas armadas. Pero si un día el ejército gubernamental libanés viene y se pone a luchar hombro a hombro con la milicia popular, sus armas van a ser bienvenidas.
Ante la agresión extranjera de un invasor que pone sus botas en el territorio nacional no debe de existir ninguna duda. La Patria es primero.
Aquel 2 de abril yo estaba sancionado. Como responsable del colectivo de estudiantes de las FPL era mi obligación militante conmemorar todas las fechas destacadas de nuestra organización. La primera fecha es precisamente la de la fundación, el 1o de Abril. Por eso, la noche anterior dirigí un modesto acto político en recuerdo del origen de clase y de las causas que motivaron la fundación de la primera organización político militar el año de 1970.
Al explicar el origen de las FPL era inevitable mencionar que la gota que derramó el vaso fue la guerra interburguesa entre Honduras y El Salvador. Y que la escisión se produjo entre el grupo de estudiantes pequeño burgueses y el grupo obrero y de estudiantes proletarios que eran miembros del Congreso del Partido Comunista Salvadoreño (PCS). La mayoría pequeño burguesa del congreso aprobó la alianza del partido con el gobierno militar siervo de la oligarquía dependiente del imperialismo para hacerle la guerra a su contrapartes hondureña que pugnaba por conseguir un lugar en el comercio centroamericano. No era una lucha por la defensa de la soberanía nacional como decía la propaganda sino una lucha por el mercado para sus productos y por sus jugosas ganancias. Pero los muertos los iba a poner la clase obrera y el campesinado hambriento.
Esas frases indignaron a la pírrica representación de las PCS-FAL y sus jefes le dijeron a los jefes políticos del Partido Comunista Cubano (PCS) que yo era un sectario que promovía la división del FMLN y que estaba conspirando contra la unidad.
Yo sostuve mi declaración como un hecho histórico y dije que el FMLN no era una unidad sino una alianza política coyuntural. Que cada una de las organizaciones mantenía intactos su identidad, sus valores, sus principios y sus normas institucionales y sus estructuras de organización. Que unos eran demócrata cristianos, social cristianos y social demócratas-como el ERP y su escisión RN-, que otros eran trotskistas -como el PRTC-, otros marxista leninistas, como los electoralistas y parlamentaristas del PCS, y también las FPL que rechazábamos esa forma de lucha propia de la pequeña burguesía que es fiel a la legalidad burguesa. Completamente opuestos los otros agrupamientos a la cosmovisión, la filosofía de las FPL que lo que pretende es la destrucción a nivel nacional del Estado burgues y la más amplia: la eliminación del sistema de opresión y explotación capitalista a nivel mundial.
Igual me sancionaron aquel día, formaron en el patio a todos los estudiantes y nos prohibieron rotundamente bajo pena de castigo a todos los que volvieran a hacer mención de nuestra militancia verdadera. O sea, querían la unidad a la fuerza.
Eso es imposible. La carga político ideológica no se impone con una orden. Es producto de una profunda reflexión en la que el discernimiento aparta las ideas contrarias y reúne las que le dan coherencia al pensamiento.
La cuestión nacional es un punto crucial en la lucha de clases y el internacionalismo proletario un principio central.
¡Honor y gloria a los proletarios caídos en la defensa de la soberanía nacional!