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El Zeitgeist de Bukele: ¿“Transformación real o autoritarismo exportable de laboratorio?”

Por: Armando Fernández /Comunicador Comunitario.

«Cuando se fabrica el sentir y pensar de la gente, la sociedad se anestesia»

El término Zeitgeist ,significa, en palabras sencillas, el espíritu de una época: la forma de pensar, sentir y actuar que predomina en un momento histórico; lo que la gente cree, teme, desea o considera “normal”. Es como un aire invisible que todos respiran sin darse cuenta, pero que moldea decisiones, ideas y comportamientos.

Vale la pena detenerse y mirar de frente lo que está ocurriendo en El Salvador. No hablamos de filosofía seria ni de un análisis colectivo del espíritu de los tiempos. Lo que el régimen de Nayib Bukele ha logrado es algo mucho más sofisticado: un secuestro del concepto de Zeitgeist para transformarlo en herramienta de marketing intelectual. Bajo esta fachada se justifican excesos, se concentra poder y se normaliza un estado de excepción permanente. Como quien viste un cadáver con ropa de gala, el autoritarismo se presenta inofensivo bajo un barniz pseudoteórico.

La estética del poder

El mensaje ya no es solo gobernar con encuestas y videos virales: apunta al mundo. La narrativa busca construir la imagen de un estadista visionario global, respaldado por millones invertidos en TikTok, Instagram, X y Google. Lo que se vende como “espíritu de los tiempos” no es diagnóstico colectivo, sino coartada conveniente: justificar cualquier medida, desde la erosión institucional hasta la suspensión de derechos.

El resultado es brutalmente familiar: vidas y derechos se vuelven prescindibles bajo la interpretación exclusiva del líder, como cuando Bukele dijo ambiguamente: “El que entendió… entendió.” Las megacárceles se convierten en telón de fondo de su grandeza; la baja en homicidios sirve de cheque en blanco para concentrar poder y fabricar consenso a golpe de algoritmos. El mecanismo recuerda, en patrón y resultado, a dictadores del pasado: supremacía del líder, enemigos definidos y estado de excepción como norma. La diferencia es superficial: antes eran desfiles militares; hoy, likes y frases enigmáticas.

Marketing de autoritarismo

La maquinaria comunicacional impulsa una campaña internacional para exaltar su ego y blindarse ante posibles acusaciones de crímenes de lesa humanidad. Mientras el mundo debate si es un milagro o una deriva oscura, las críticas sobre abusos se diluyen en likes y videos virales.

Pensadores como Nietzsche, Foucault, Hobsbawm, Adorno, Benjamin y Han advirtieron que cuando el poder se apropia de la filosofía para legitimar su voluntad, la reflexión se convierte en propaganda y el pensamiento crítico en maquillaje de despotismo moderno. La psicopolítica digital transforma la fuerza en seducción emocional, y la estética de TikTok se vuelve un arma más efectiva que cualquier decreto.

Cuando el Zeitgeist se fabrica

El verdadero *Zeitgeist* no es la adoración ciega a un líder con megacárceles de fondo. Es la tensión entre seguridad legítima y libertad. Bukele ofrece resultados visibles, pero a costa de instituciones frágiles y miedo al disentimiento. Llamarlo “neonazi reciclado” no es exageración: es un patrón recurrente de supremacía, popularidad como cheque en blanco y estética moderna para vender autoritarismo.

El mensaje escondido es claro: hay una “voluntad popular” que solo él interpreta. Quienes disienten o caen en las redes de detenciones masivas a menudo sin debido proceso quedan excluidos del contrato social. Los derechos no son inherentes; se “ganan”, y él decide quién los merece, ignorando acuerdos internacionales sobre derechos inalienables adoptados tras la Segunda Guerra Mundial.y de los cuales el pais es miembro firmante . La historia enseña que cuando la multitud elige a Barrabás, tarde o temprano se arrepiente. El espíritu de los tiempos no lo dicta un hombre desde su cuenta de X; lo construimos o lo deformamos todos juntos.

La anestesia colectiva

La deformación del Zeitgeistse vuelve cómplice del deterioro social. Lo que debería describir la época se maquilla: decisiones políticas cuestionables se presentan como destino histórico; la sociedad interioriza que si funciona, es correcto. La pérdida de derechos ciudadanos ocurre lentamente, con excepciones temporales que se vuelven permanentes. La dignidad humana se erosiona: personas detenidas sin debido proceso, voces críticas silenciadas, ciudadanos convertidos en sospechosos por defecto. Todo se normaliza bajo el relato dominante de “bien común”.

La ironía es inquietante: este “espíritu de la época” no surge de abajo hacia arriba, como un rumor en la plaza de un pueblo o ciudad, sino de arriba hacia abajo, cuidadosamente guionizado y repetido hasta volverse incuestionable. La seguridad se transforma en moneda de cambio y los derechos parecen lujos opcionales.

La síntesis es clara: cuando un Zeitgeist se fabrica en lugar de reflejar consensos, cuando la estética sustituye a la ética y la imposición reemplaza al diálogo, lo que queda no es sociedad, sino teatro de obediencia. La apariencia de orden y seguridad se convierte en anestesia colectiva, y la pérdida de la reserva moral transforma lo inaceptable en rutina. En pocas palabras: <<una sociedad que brilla por fuera, mientras se descompone por dentro no está evolucionando, está siendo domesticada.>>

La Franquicia del Caos Controlado: Exportando el Espejismo

Ya no se trata solo de un fenómeno local; el modelo de la «mano dura digital» quieren convertirlo  en un producto de exportación premium. Es el nuevo «milagro» del tercer mundo vendido a sociedades que, asfixiadas por la violencia y el abandono estatal, están listas para firmar un cheque en blanco al mejor postor de que les ofrezca orden.

1. El Laboratorio de Maquiavelo 

En estos laboratorios de ingeniería social, se ha perfeccionado la fórmula del «Espejito por Libertad». Si antes los conquistadores traían cuentas de vidrio, hoy los nuevos autócratas traen renders de ciudades futuristas y estadísticas de seguridad dopadas por el silencio informativo. Es una alquimia peligrosa: mezclan la necesidad legítima de paz con una hipoteca de por vida sobre los derechos civiles.

2. La Venta de la «Solución Final» a la Inseguridad

El producto que exportan es una droga de alivio rápido. Le dicen a la región y al mundo: «Mira, la democracia liberal es lenta, farragosa e inútil contra el crimen. Mi método es estético, es rápido y, sobre todo, es viral».

  • La trampa: Se vende el resultado (la calle vacía de delincuentes), pero se oculta el costo de mantenimiento (la calle vacía de justicia).
  • El comprador: Sociedades agotadas que, en su afán de contener la violencia, no se dan cuenta de que están comprando un sistema donde el próximo «enemigo» del Estado podría ser cualquiera que no aplauda el video de TikTok del gobernante.

3. Hipotecar el Futuro por un Presente de Vidrio

Esta es la aberración del revisionismo actual: elevar la eficiencia de una cárcel a la categoría de filosofía política. Se nos invita a hipotecar las libertades más básicas bajo la promesa de un orden que depende exclusivamente del humor de un solo hombre y su acceso a la fibra óptica.

«Te quieren conencer del triunfo del marketing sobre la sociología. Han logrado que el cautiverio se sienta como libertad, simplemente porque el carcelero usa gorra hacia atrás , habla de criptomonedas y ciudades espaciales»

Estamos ante un Zeitgeist confeccionado a medida para el consumo de masas desesperadas. No es una evolución del pensamiento humano; es una regresión envuelta en luces LED. El peligro de este producto de exportación es que, una vez que una sociedad entrega su soberanía individual a cambio de este «orden de laboratorio», recuperar la propiedad de sus derechos es una deuda que difícilmente podrá pagar en las urnas.

Es la autocracia electoral operando como una corporación multinacional: si funciona en el laboratorio del Salvador, ¿por qué no vender la licencia al resto del continente? El problema es que el servicio posventa no incluye devoluciones de democracia una vez que el sistema se ha instalado.