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En El Salvador, LA JUSTICIA DE LOS INOCENTES: Entre el tuit y el favor. «De la ley al clan: El Estado paralelo que manda como tribunal.»

Por: Miguel A. Saavedra.

Lo que comenzó como un simple hilo en la red social X, ha terminado revelando la arquitectura de un régimen que ha sustituido la Constitución por el árbol genealógico. Cuando Ibrahim Bukele hermano del presidente y figura central de este Estado Paralelo se enfrasca en un debate digital (el 3 de marzo de 2026),para anunciar que «están revisando caso por caso», no solo está interactuando con la audiencia; está dictando sentencia desde un vacío legal.

Esta escena nos induce a una realidad perturbadora: en El Salvador, la justicia ha dejado de ser un proceso institucional para convertirse en una concesión graciosa del Clan. Ya no se busca la verdad en los tribunales, sino la benevolencia en el muro de un perfil verificado. Es la instauración de una justicia de tuit y comisiones fantasma, donde un círculo familiar sin cargo público decide, bajo criterios de marketing y oportunidad política, quién es digno de recuperar su libertad y quién debe seguir alimentando la estadística del «margen de error».

Pero este juego de poder tiene un límite que la pauta publicitaria no puede comprar. Mientras el Clan administra la inocencia como una limosna, el Artículo 25 del Estatuto de Roma empieza a cronometrar las responsabilidades. No se engañen: en la justicia transnacional de la Corte Penal Internacional, la deshumanización sistemática y la apología del abuso sostenida por una legión de influencers y comunicadores prepago no son opiniones, son posibles evidencias de una colaboración necesaria en crímenes que no prescriben.

Bienvenidos al análisis de un imperio donde la ley es el capricho, la seguridad es un incendio provocado y la libertad de miles pende del hilo de un tuit.

El rostro del poder paralelo : La Justicia como concesión

Habitar El Salvador hoy es asistir a un experimento de desmantelamiento institucional sin precedentes. Ya no hablamos de una democracia en crisis, sino de una sustitución de funciones donde la arquitectura del Estado ha sido triturada para dar paso a una tríada de poder cerrada: **Ejecutivo, Legislativo y el Clan Familiar**. En esta nueva ecuación, la seguridad ciudadana se ha canjeado por una inseguridad jurídica total, y el derecho se ha transmutado en una concesión caprichosa que se administra desde la virtualidad.

Estamos ante una «Justicia de Tuit», donde una comisión fantasma, operada desde un lugar secreto donde se coordinan el despacho de la Primera Dama ,el círculo familiar y otros no revelados por «seguridad», sustituye a jueces y fiscales. Conste que esto fué dado como primicia en «X» por el Sr. Ibrahim Buekele el 3 de abril de 2026, en un debate con varios ciudadanos. Lo que pone en la mesa que el debido proceso ha sido reemplazado por la «buena voluntad» de los herederos del poder.

Esa primicia dejó claro para el análisis público : Lo que antes se resolvía en los tribunales, hoy se decide en la sobremesa de Capres o en un hilo de X (antes Twitter). La reciente irrupción pública de **Ibrahim Bukele** quien no ostenta cargo público pero ejerce un poder omnipresente ha dejado al desnudo la nueva jerarquía del Estado.

El «bombero incendiario» y el control de las cenizas
Resulta profundamente inquietante observar a un Estado que actúa como un **bombero incendiario**. Es una coreografía perversa: el mismo poder que permitió que la madera se secara bajo el sol de la negligencia, hoy se presenta vistiendo el traje de gala del salvador invicto. Bajo esta lógica, el régimen no solo apaga el fuego, sino que reclama el derecho de propiedad sobre las cenizas.

El hermano del presidente , Ibrahim Bukele, también asiduo a la red  «X»,  en un intento de defensa que resultó ser una confesión de parte, admitió que «nadie quiere inocentes presos». Es un descubrimiento tardío y cínico después de cuatro años de redadas masivas donde los «jueces de la calle» (policías y militares con cuotas de captura) llenaron las cárceles basándose en la apariencia física o denuncias por rencillas vecinales.

Usando la lógica absurda del «Pirómano-bombero» decide, con una arbitrariedad casi divina, qué casas merecen ser rescatadas y cuáles pueden ser entregadas a las llamas del olvido o del «margen de error». donde al final, lo que se quema no es solo la violencia, sino la majestad de la justicia; un bombero que decide a su antojo quién arde y quién se salva, termina pareciéndose demasiado al pirómano que juró combatir.

La Justicia en el limbo de X
La degradación absoluta de la institucionalidad ha quedado al desnudo no en una sentencia judicial, sino en un debate de tuits. Que sea el hermano del presidente, sin cargo público ni potestad legal quien revele en la red social **X** que existe una «comisión» revisando «caso por caso», confirma que el sistema legal ha sido secuestrado por una **dinastía digital**. que ejerce poder paralelo de las instituciones constitucionales y legalmente autorizadas.

La libertad de miles de salvadoreños ya no se litiga en tribunales con pruebas y audiencias; se negocia en hilos de opinión y respuestas reactivas. Esta **»Justicia de Tuit»** opera desde una comisión fantasma, una estructura que no existe en la Constitución pero que tiene más peso que cualquier magistrado. Es la justicia administrada como una gestión de *community manager*, que decide:

«Este sí, este no»: Se arrogan el poder total para impartir justicia. «Este es enemigo del Presidente»: La justicia como arma de castigo personal.»A este démosle un tiempo más para que escarmiente»: El uso del dolor como pedagogía del miedo. «Cuidado con este, nos puede quemar con la prensa internacional»: Los derechos humanos vistos no como ética, sino como un problema de marketing. «A estos que hablan, volvamos a meterlos presos»: La puerta giratoria de la cárcel como bozal para la disidencia.

Este «filtro» familiar deja en evidencia que las instituciones son hoy decorados de cartón  simulando piedra. En este nuevo diseño de poder, la inocencia no se prueba en un juzgado; se negocia en la mesa de la «Comisión», dependiendo de qué tan útil o peligroso sea el rostro del detenido para la estética del régimen.

El espejo de la historia y el lavado de ma nos

Este modelo nos devuelve a los pasajes más oscuros de la historia. Evoca al **antiguo Egipto**, donde la voluntad del Faraón era la *Maat* (la justicia y el orden), y cuestionar el método era una traición al orden cósmico. Pero también resuena el eco de **Poncio Pilatos**: aquel que, para cubrir su propio error político, se lavó las manos y dejó que «el pueblo» hiciera su voluntad, resultando en la crucifixión de un inocente.

En El Salvador, el Clan se lava las manos diariamente en la plaza pública digital, mientras miles de inocentes cargan con la cruz de un régimen que prefiere el espectáculo del castigo a la verdad jurídica. Y mientras simulan benevolencia revisando casos a discreción, el eco más fuerte de esta «nueva» nación sigue siendo el silencio de las tumbas de los inocentes que salen de los penales … pero en ataudes sellados.

El modelo que se vende como exportable (y sus riesgos)

El Salvador se ha convertido en el espejo donde se miran las «democracias en revisión» de América Latina. Se ofrece un orden rápido a cambio de la anulación del individuo. Sin embargo, lo que se exporta no es seguridad, sino **intervencionismo familiar**.

La institucionalidad ha sido manoseada hasta el punto de la irrelevancia. El poder judicial ya no es un contrapeso, es un apéndice del poder*. Esta «seguridad» es un castillo de naipes sostenido por el miedo y la propaganda, donde la libertad de cualquier salvadoreño hoy depende de no caerle mal a un algoritmo de inteligencia policial o de que su nombre no aparezca en la lista equivocada de una comisión secreta.

La caducidad de la impunidad: El reloj de La Haya … va caminando.
Sin embargo, este escenario tiene una fecha de caducidad grabada en el derecho internacional. La Corte Penal Internacional (CPI) ya tiene bajo la lupa el caso salvadoreño. Aplicando el **Artículo 25 del Estatuto de Roma**, la justicia transnacional no solo buscará a los ejecutores, sino a los planificadores y colaboradores necesarios.

En esta categoría entran los influencers, YouTubers y comunicadores «prepago» nacionales o extranjeros que, por beneficio económico , militancia , simpatía o cercanía al poder, participan en la deshumanización sistemática de las víctimas. La construcción de narrativas que justifican la tortura no es «libertad de expresión»; es colaboración funcional en crímenes de lesa humanidad.

¿En qué imperio estamos?
En uno donde la ley es el capricho y la justicia es un favor que se pide por redes sociales. El Salvador ha cambiado las cadenas de las pandillas por el grillete de la arbitrariedad estatal. Y mientras el Clan «revisa caso por caso», el silencio de las tumbas de los inocentes sigue siendo el eco más fuerte de esta «nueva» nación.

En uno donde la pauta publicitaria es efímera, pero la responsabilidad penal es permanente. El eco de un video falaz que hoy celebra una injusticia puede ser mañana la prueba de cargo definitiva en un tribunal de La Haya. El Salvador no ha superado la barbarie; simplemente la ha digitalizado bajo el control de una familia que confunde gobernar con administrar una red social, olvidando que la historia, a diferencia de un tuit, no se puede borrar.

 La realidad es cruda: Un sistema que necesita liberar a miles de inocentes para demostrar que «funciona»; es un sistema que fracasó en su misión primaria: proteger al ciudadano del abuso del Estado.