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Reseña del libro: ¿EXISTE EL SATANISMO INSTITUCIONAL?

POR: JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO.

En su obra ¿Existe el satanismo institucional? publicado en febrero de dos mil veinte y seis, el periodista e investigador español Alexandre Roca desmitifica el fenómeno del «pánico satánico» que sacudió a la sociedad en las décadas de los ochenta y noventa del siglo veinte. Roca sostiene que no existe una organización global, jerarquizada y criminal dedicada al culto satánico y la pederastia; por el contrario, afirma que dicho pánico fue una construcción social alimentada por la superstición, el sensacionalismo mediático y la incompetencia profesional.

El fenómeno tuvo su génesis en Estados Unidos a principios de los ochenta, impulsado en gran medida por el libro Michelle Remembers. En esta obra, el psiquiatra Lawrence Pazder y su paciente y posterior esposa, Michelle Smith, utilizaron técnicas de hipnosis regresiva para «recuperar» supuestas memorias reprimidas de abusos rituales. Aunque estas afirmaciones demostraron ser infundadas, sirvieron como caldo de cultivo para la creencia en redes satánicas internacionales.

Este «virus» social llegó a España en mil novecientos noventa y uno con el Caso Ricoy, donde Manuel Ricoy fue acusado de someter a menores a rituales y abusos. La investigación, carente de pruebas físicas, se basó en testimonios de menores sugestionados por psicólogos y policías convencidos de la existencia del satanismo. Los medios de comunicación actuaron como altavoces de esta histeria, condenando socialmente a inocentes antes de cualquier sentencia firme. Según Roca, en momentos de incertidumbre, la sociedad recurre a «expertos» en pseudociencias y teorías conspirativas para crear chivos expiatorios y enemigos invisibles.

Roca distingue claramente entre el satanismo individual y una supuesta «Iglesia de Satán» criminal y globalmente coordinada, cuya existencia niega rotundamente. El autor describe el satanismo real como un conjunto de creencias, diverso, minoritario y desorganizado. Destaca organizaciones legalmente constituidas que operan bajo marcos racionales y no como logias secretas. La Iglesia de Satán de Anton LaVey basada en el individualismo, el ateísmo y el racionalismo. El Templo Satánico de Lucien Greaves y Malcolm Jarry, una organización no teísta de activismo político-cultural que utiliza a Satanás como símbolo de rebeldía y crítica al fundamentalismo religioso. Para ambos grupos, el satanismo es una herramienta contracultural frente a la hegemonía del cristianismo en Occidente.

Para Roca, el «satanismo institucional» funciona más como una metáfora para analizar las estructuras de poder actuales. Describe un sistema corrupto donde la inversión de valores ha normalizado el mal, la manipulación y la pérdida de ética, resultando en una sociedad anestesiada y alienada. Ante esto, el autor hace un llamado al despertar crítico.

En una línea similar, el escritor Henry Makow propone que el satanismo es el motor ideológico de una élite global que busca sustituir el «orden natural» por uno materialista y humano. Bajo esta óptica, el sistema actual se manifiesta a través del odio a la vida reflejado en agendas de control poblacional y conflictos bélicos que actúan como sacrificios rituales para alimentar el control social.

Finalmente, se argumenta que un sistema se vuelve «satanista» no por su nombre, sino por sus métodos y frutos. El sufrimiento gratuito en el castigo de inocentes, como se observa en las detenciones bajo el Régimen de Excepción en El Salvador, y la deshumanización del lenguaje para justificar el maltrato, son señales de una infraestructura que busca la adoración al Estado o al líder por encima de las leyes naturales. Si la paz se pretende alcanzar mediante la crueldad y el miedo, el sistema ha caído en la trampa de utilizar «el mal para combatir el mal», característica central de lo que podría definirse como una estructura satánica.