Cristianos polígamos. Entre la Tradición y la Modernidad.
Por: Elio Masferrer Kan.
La antropología denomina poligamia a la unión permanente entre una persona con varias personas de otro sexo, la unión de un hombre con varias mujeres se denomina poliginia y una mujer con varios hombres poliandria. En algunos casos la poliandria se establece con varios hombres que son hermanos entre sí. En términos estadísticos hay mas uniones poligínicas que las poliandrias, lo que lleva a que habitualmente se utilice el término poligamia como sinónimo de poliginia. La monogamia es vista como el ideal de las parejas en el mundo cristiano contemporánea, siguiendo criterios de moral familiar culturalmente definidos. Recientemente los obispos católicos de África se reunieron para definir una estrategia frente a las prácticas poligámicas de los católicos conversos.
Es importante comentar que varios patriarcas del judaísmo en el Antiguo Testamente tenían relaciones poligámicas como Abraham, Jacob, David, Salomón, mientras que en el Nuevo Testamente se hace énfasis en las relaciones monogámicas. En 1.Timoteo 3:2 plantea que “el Obispo debe ser hombre de una sola mujer”. Los exégetas han hecho énfasis en dos cuestiones pues no existe en la Biblia una explicación para la poligamia de los patriarcas, apelando a explicaciones indirectas, según las cuáles habría más mujeres adultas que hombres y debían cumplir el mandato de “procread abundantemente en la Tierra y multiplicaos en ella (Génesis 9:7), también existe el concepto paternalista de “proteger” a mujeres cuyos esposos habían perecido como consecuencias de las guerras.
En Efesios 5:22-3 “El que ama a su mujer, a sí mismo se ama”, siempre en singular. El matrimonio en términos bíblicos es pensado como una alianza entre linajes, como queda de manifiesto en Deuteronomio 25:5-10 donde obliga al hermano de un hombre fallecido sin hijos a casarse con la viuda, esta institución es llamada levirato y su caso inverso sería sororato, la obligación de un hombre de casarse con la hermana de su esposa fallecida.
El caso más conocido de iglesia que practicó la poligamia es la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormona). La práctica de la poligamia le creó fuertes conflictos con la moral dominante en los Estados Unidos y a fines del siglo XIX decidió abandonar esta práctica matrimonial, aunque aplicó una estrategia de “transición”, prohibiendo nuevos matrimonios plurales y permitiendo continuar con los ya existentes, garantizando los derechos de las mujeres y de los niños involucrados en estas alianzas.
En el caso de la Iglesia Católica africana la respuesta ha sido contundente, las personas polígamas no pueden recibir el sacramente del bautismo y los ministros de culto deben
realizar una pastoral de acompañamiento hasta lograr la renuncia definitiva a esta práctica matrimonial, pues “Las obras producidas por la virtud otorgan mayor inmortalidad que la descendencia.” En esta perspectiva “el hombre polígamo que desee recibir los sacramentos elegirá solo una esposa, garantizando justicia y apoyo para las demás esposas y sus hijos. Otras establecen un «catecumenado permanente», acogiendo al individuo en la comunidad sin acceso a los sacramentos. En ocasiones, la primera esposa es bautizada cuando se la considera víctima de una unión polígama involuntaria. Finalmente, la «poligamia velada» —uniones múltiples no oficiales— requiere apoyo específico, a menudo centrado en la mujer y los hijos.” De los documentos sinodales se desprende que los obispos católicos hacen énfasis en la santidad del matrimonio como institución y ven como secundaria o “daño colateral” la situación de las otras esposas y sus hijos, a quienes ofrece “justicia y apoyo”.
La poligamia está en Africa, ¿y en México?
El Censo de Población y Vivienda de 2020 nos de los resultados de 500 años de evangelización católica en materia matrimonial. Recordemos las investigaciones del antropólogo Oscar Lewis, quien identificó la existencia de estructuras matrimoniales poligínicas en familias mexicanas poniendo en evidencia la existencia de las “casas chicas” confrontadas con la Casa Grande. La publicación de Los hijos de Sánchez produjo una controversia aguda y nos pareció interesante realizar una consulta al Censo de Población de 2020, analizando el estado civil de la población mayor de 12 años vemos que las mujeres casadas y en unión libre ascienden a 27,129,084, mientras que los hombres casados o en unión libre llegan a 26,817,959. Generándose un diferencial de 231,130 mujeres. La diferencia es más aguda entre quienes viven en unión libre, donde son 9,145,367 hombres contra 9,264,842 mujeres, generándose un diferencial del 1.6%. Estos datos están referidos a la declaración en el Censo donde además existen categorías como separados, divorciados y viudos que podrían involucrar a este tipo de uniones, con mayor rango de informalidad.
Faltaría entonces una pastoral familiar más efectiva en México ¿y también en América Latina”.
*Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH
