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No a la guerra.

Por: Gabriel Gaspar Tapia. *

El 28 de febrero, sin declaración de guerra y en medio de negociaciones diplomáticas, los gobiernos de Donald Trump y Benjamín Netanyahu, desataron una violenta ofensiva aérea y misilística sobre Irán, dando muerte a buena parte de su cúpula dirigente.

La guerra hoy

A las pocas horas del ataque del 28 de febrero reciente la Casa Blanca cantó victoria, el objetivo buscado era el fin del régimen político, y con el descabezamiento logrado eso estaba asegurado. El presidente Trump anunció al pueblo iraní que muy pronto podrían iniciar un proceso democrático.

Estamos en la cuarta semana de guerra y el saldo hoy es muy diferente. Militarmente EEUU e Israel poseen una amplia superioridad bélica y tecnológica, han logrado descabezar a buena parte de la primera fila iraní y también de la segunda. Pero no han descabezado al régimen.

Los bombardeos tampoco han doblegado la voluntad de lucha iraní. En estas semanas, los iranies han desplegado una contraofensiva misilística contra las bases estadounidenses de todo el Golfo Pérsico e inclusive han logrado penetrar el escudo israelí. Poseen menos tecnología y potencial bélico que sus enemigos, pero ocupan plenamente su territorio, recordando una vieja enseñanza: “sin control territorial, no es posible hablar de Victoria”. Vietnam lo enseñó hace varias décadas: el espacio aéreo era dominado con creces por los estadounidenses, pero en tierra era otra cosa. EEUU e Israel necesitarían varios cuerpos de Ejército si pretendiesen ocupar Irán, en una hipotética campaña de la cual solo podemos decir que sería muy larga, sangrienta y con escaso apoyo político en la sociedad estadounidense. Qué decir del impacto de un conflicto largo en todo el Medio Oriente.

El costo de la guerra

La destrucción que provoca toda guerra es difícil de describir en sociedades que afortunadamente no la han padecido en su historia reciente, por eso a veces los números son incapaces de describir la realidad.

No solo se trata del número de fallecidos, también deben contabilizarse los heridos, especialmente los que quedan con secuelas para toda la vida: proliferación de mutilados, quemados y aunque muchos de los heridos superen un riesgo vital, pierden su autovalencia para toda la vida. No hablemos de los estragos en la salud mental: stress postraumáticos, cuadros agudos que muchas veces llevan con posterioridad a suicidios o depresiones profundas. Agreguemos que detrás de cada baja, hay una familia cuyo destino se ve alterado dramáticamente.

Las guerras también provocan desplazados, en la historia reciente del Medio Oriente conocemos de los millones de sirios que migraron de su guerra civil, antes fueron afganos, libaneses e iraquíes, muchos de ellos buscaron ingresar a Europa, algunos lo lograron, otros permanecen desde hace años en campamentos en la frontera turca. Agreguemos que en Gaza antes de su martirio vivían cerca de dos millones de palestinos que han quedado virtualmente encerrados en un gheto de escombros.

Capítulo aparte es el gigantesco desorden económico global que está provocando a guerra. Harto se ha dicho de la consecuencia del cierre del canal de Ormuz, el bombardeo de las instalaciones petrolíferas y gasíferas, y como todo ello afecta a toda la economía global, América latina incluida.

El factor tiempo en esta guerra

Una pregunta ronda desde hace rato: ¿cuánto durará la guerra? Buena pregunta, porque ninguno de los bandos propone un alto al fuego. Pero la guerra ya muestra tendencias.

En los EEUU, la guerra crece en desaprobación ciudadana. Nada indica que no siga subiendo, más aún cuando Trump prometió que no iba a iniciar ninguna guerra (también prometió que terminaba la guerra de Ucrania en 24 hrs.)

Todo apunta a que ese malestar irá aumentando, y amenaza a las elecciones parlamentaria de fin de año. Sumemos las otras vertientes de la desaprobación: el escándalo Epstein, la indignación ante los crímenes de la policía migratoria, la inflación. La guerra se convirtió en un pantano para el gobierno estadounidense, al fallar su objetivo de provocar un cambio de régimen, se ha quedado sin norte y transita desde destruir la capacidad bélica de Irán, hasta reabrir el estrecho de Ormuz. Sus palabras resuenan poco convocantes: desde tratar de cobardes a los europeos, a decir que se comerá Cuba o mofarse de los japoneses. Las alianzas históricas de EEUU construidas en el siglo XX han sido dañadas severamente en pocos meses.

Irán por su parte mantiene su voluntad de lucha, de momento dispone de reservas para ello, es probable que la adhesión al régimen islámico tenga reparos en sectores importantes de la población, pero eso no transforma a la mayoría en pro estadounidense ni menos en proisraelíes. El castigo de la guerra abarca por parejo a toda la población, y la amenaza de que luego se pasará a la destrucción de la infraestructura civil genera de seguro un amplio rechazo.

Ese es el costo para los combatientes iraníes: pueden presentar batalla, pueden dar golpes a Israel y las bases estadounidenses cercanas, pero no pueden evitar la destrucción de su país y con ello aumentar el sacrificio de su población. La prolongación de la guerra puede permitir la sobrevivencia de la nación, pero el costo ya es severo y cada día que pase será peor.

El otro actor de primera línea en esta guerra es Israel, a la fecha suma mas que resta: ha logrado degradar el potencial poderío nuclear iraní, con ayuda estadounidense. Antes había golpeado a Hamas y Hezbollah, las milicias proiraníes que estaban en sus fronteras. Ha cohesionado a buena parte de su población, y con esta guerra Gaza y su tragedia pasaron a segundo plano. En los hechos, avanza hacia el fin de lo que queda de la autonomía palestina, ocupando cada día un nuevo trozo de Cisjordania. Resta por afianzar una zona de seguridad en la frontera con el Líbano. Ha pagado costos, no ha ganado nuevos aliados, el domo protector ha sido vulnerado en varias oportunidades, pero sumando y restando, si la guerra terminase la próxima semana, Israel estaría en mejor posición estratégica que cuando la empezó.

¿Se avanza hacia el Gran Israel que pregonan algunos de sus estrategos? El tiempo lo dirá, pero también es probable que los generales turcos y egipcios vean con recelo un nuevo cuadro de poder en el Oriente Medio en el cual Tel Aviv disponga de una mayor estatura estratégica.

¿Cuál es la postura chilena?

Próximo a cumplirse un mes de guerra llama la atención la poca atención que provoca en nuestro medio. Es explicable por un lado por el momento de cambio de gobierno.

Pero si la guerra misma no convoca mucho, sus consecuencias económicas si. A estas alturas nadie podría decir que no tendremos severas repercusiones, desde la inflación, el alza de la UF hasta el costo del combustible. Probablemente el plan de instalación de la nueva administración se vea severamente alterado.

Donde sí es necesario demandar una respuesta más proactiva es en el campo de nuestras relaciones internacionales. Si el objetivo principal es asegurar la paz entre las naciones como el mejor escenario para la realización de nuestros Intereses Nacionales, entonces urge mayores definiciones. No solo al gobierno, también a todas las elites. Ideal si esa respuesta fuese suprapartidaria, porque la defensa de la paz beneficia a todos los chilenos. Algunos pueden replicar que esto sería un caso de idealismo, pero sería bueno que considerasen que los concretos intereses de un país abierto al mundo requieren de la mayor gobernanza global posible.

No se trata de reclamar la intangibilidad de los Tratados, como un mantra que ya sabemos que no siempre funciona. Se trata de imaginar, diseñar, coordinar, diplomacia con otras potencias medias, unir fuerzas, construir espacios con pragmatismo realista y diseño profesional.

Necesitamos redefinir nuestra maniobra hacia un realismo profesional, no ideológico, pero sobre todo, muy nacional.

Tomado de: Inicio – Página 19