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EL SALVADOR: La cadena perpetua, instrumento de escenografía política.

Un país lleno de cárceles es el reconocimiento de un gobierno que fracasó en su tarea de educar, que no tiene intención de poner un lápiz en la mano de un niño sino el candado en la puerta de un hombre.

Por: Mauricio Manzano.  (Investigador y Consultor Educativo).

La implementación de penas como la cadena perpetua y el endurecimiento extremo del sistema carcelario en El Salvador no son herramientas de justicia, sino instrumentos de escenografía política. Lo que pretenden es un impacto visual de la cárcel para ocultar el vacío de las aulas y en la implementación de políticas sociales.

La imagen de la cadena perpetua funciona como un símbolo de irretornabilidad. Al eliminar la posibilidad de la rehabilitación, el Estado envía un mensaje a la población: «No creo en tu capacidad de cambiar, solo en mi capacidad de encerrarte». El miedo que se incuba no es solo para el criminal, sino para el ciudadano común que ve cómo el poder absoluto del Estado puede decidir a quién desaparece de la sociedad para siempre.
La cadena perpetua deja ver el vacío de una política preventiva y una deuda ética, la represión sin prevención es una ilusión óptica, es como un síntoma de la enfermedad. La cárcel ataca el síntoma, la violencia cometida, pero los programas sociales y educativos atacan la enfermedad, la exclusión, la falta de sentido y el hambre. Un Estado que solo construye cárceles y no centros de arte, tecnología o deporte, es un Estado que está apostando al fracaso de sus jóvenes para tener siempre una razón para castigar. Es la inmoralidad de la riqueza y el poder aplicada al presupuesto: millones para cárceles, migajas para la educación de calidad y programas sociales.
Una sociedad que madura entiende que la paz verdadera no es el silencio de los cementerios o las prisiones, sino el bullicio de una juventud con oportunidades. La represión es una respuesta rápida y fotogénica para la armadura mediática del régimen. La prevención es un trabajo lento, invisible y profundo que no da «likes» en redes sociales, pero que salva generaciones.

Seguimos construyendo sobre arena, no aprendemos del pasado, cerrar una celda cualquiera lo puede hacer, de lo que se requiere en El Salvador es inversión social, y sobre todo, una educación, que no cierre cárceles, sino que abra la mente de los jóvenes. El poder que solo sabe castigar es un poder débil disfrazado de fuerza.

No hay que celebrar leyes de castigo, hay que preguntarnos ¿Dónde está la ley que crea empleos o que mejore escuelas?. Esta nueva ley represiva, es un ruido de cadenas para no escuchar el silencio de la inversión social. Una sociedad que renuncia a la rehabilitación es una sociedad que ha renunciado a la esperanza. Lo que se requiere son políticas sociales encaminadas a sanar el tejido social, no solo cortar la parte herida.


Por ultimo, que no es lo ultimo, la historia enseña que la represión extrema solo incuba una violencia más profunda para el futuro. La única seguridad real es la que nace de la justicia social y el arraigo de la gente en su propia tierra con dignidad. Un país lleno de cárceles es el reconocimiento de un gobierno que fracasó en su tarea de educar, que no tiene intención de poner un lápiz en la mano de un niño sino el candado en la puerta de un hombre.