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Hegemonía y mentalidad.

Por: Edwin Felipe Aldana Aguirre. Investigador y Docente Universitario.

La mentalidad es algo que vamos construyendo y en muchas ocasiones es algo que nos van induciendo. Sin el reforzamiento de este paso de ir delimitando una mentalidad nacional, no es posible entender la pretensión hegemónica del clan Bukele.  Para esto de la hegemonía bien nos vendría repasar a Gramsci, el gran pensador italiano.

Recordarle a mi hermano Walter Raudales, que no sólo se trata de utilizar los medios que utiliza el opresor, -Internet/redes sociales- sino que y, sobre todo, el discurso de una mentalidad que desenmascare ese discurso ideologizante de los poderosos, con el cual pretenden someter espiritualmente a esa inmensa mayoría empobrecida.

La derechización y aburguesamiento del fmln, acabó con el proceso de construcción de una nueva mentalidad nacional que se venía construyendo desde la intelectualidad cristiana; y que, para el caso, terminó siendo incómoda para aquellos que decían representar al pueblo. Obviamente no generalizamos esta postura en todos los cuadros y bases del frente. Pero esto es crucial.

La nación salvadoreña siguió la senda del caudillismo y poco a poco, fuimos dejando atrás las ideas de pueblo trabajador, capaz de labrar su propio destino; el amor y la solidaridad con los hermanos como valor fundamental de la vida cristiana; la construcción de la mesa común y por recordar las fuertes y hermosas palabras de la misa popular salvadoreña: solo un patrón, nuestro Divino Salvador.

Y no casualmente, nuestro querido Mons. Romero, inspirador como Rutilio Grande de esa enorme verdad de Jesús nuestro único patrón, luce como telón de fondo, prisionero, manipulado y acallado, a las espaldas del trono del soberbio y manipulador.

Pero muchos vemos en la figura de Mons. Romero, la paz, la hermandad y el orgullo de sabernos hijos e hijas de Dios, con igual dignidad y con igualdad de Derechos en cualquier sociedad y ante cualquier régimen injusto.

La mentalidad que los opresores tratan de imponernos se basa en una falsa modernidad en la cual la nación tiene su destino marcado como servidumbre al servicio de los señores y sus compinches.  El remozamiento cosmético lleva incluido el anuncio de que acá hay un pueblo servil dispuesto a trabajar duro por unas migajas.  Esa misma “modernidad” vendieron los gringos a las monarquías del golfo, y sus bases militares no estaban para garantizarles seguridad por un enemigo externo, sino que, como fuerzas de ocupación al servicio de esas monarquías idiotizadas por el dinero, pero muy temerosas de sus pueblos o súbditos.  En esa dirección van la fuerza armada y la policía nacional civil en nuestro país, como seguro de vida para ese grupúsculo de musulmanes y capitalistas rapaces que los acompañan.

Este nuestro pueblo nunca ha tenido espíritu de servidumbre, y eso lo constata la historia nacional, que desde la invasión española ha ido mostrando y demostrando que el espíritu de resistencia digna está en la sangre del pueblo. Y precisamente esa historia nacional de resistencia pretenden borrarla destruyendo la educación, mezclando disciplina militar y olvido de nuestras raíces.

Pero al supuesto patrón, las cuentas no le favorecen. Todavía existe cierto espíritu democrático y de ideas republicanas que nos hicieron aspirar a un estado de derecho y por supuesto, a un estado de justicia como sueño permanente. Todavía hay iglesias verdaderamente cristianas que anuncian el mensaje del Reino; todavía, hay maestros que enseñan a pensar críticamente, y que muestran que estudiar vale la pena porque eso posibilita transformar la vida de la nación.

La construcción y expresión de ese espíritu liberador que mora en la nación salvadoreña es una tarea abierta y dinámica, porque esa expresión debe abarcar todos los campos de la vida nacional, y como primer paso, debemos partir de una vida personal y cotidiana, en la cual nunca seremos pisoteados por ningún patrón.

“Pero los dioses del poder y del dinero, se oponen a que haya transfiguración, por eso vos Señor sos el primero en levantar tu brazo contra la opresión.”

Y cierro con otra estampa, para volver a recoger el sueño desde la misa popular salvadoreña:

Dios invita a todos los pobres
A esta mesa común por la fe
Donde no hay acaparadores
Y a nadie le falta el conqué

Dios nos manda hacer de este mundo
Una mesa donde haya igualdad
Trabajando y luchando juntos
Compartiendo la propiedad