Artistas que no existen: ¿cómo son los nuevos cantantes de IA que rompen récords en el mundo?
Por: Luciana Mazzini Puga.
Encabezan las listas de Billboard, firman contratos millonarios y sus canciones suenan en las redes, YouTube y radios.
La inteligencia artificial (IA) avanza sin pedir permiso: alcanzó a las relaciones amorosas, a los influencers de Instagram y Tik Tok, y ahora le toca el turno a la industria musical. Xania Monet, una vocalista de R&B generada con IA, es el primer caso de un algoritmo que logra un lugar en un listado de prestigio realizado por la revista musical Billboard y, de manera reciente, firmó un contrato millonario. Breaking Rust es un artista country de IA que encabezó por primera vez la lista de ventas de canciones digitales country de Billboard en Estados Unidos. Así como ellos, Ben Gaya, Carla Lomar, Yaboi Hanoi y la argentina Lumi-7 son otros artistas virtuales que se lanzan en el mundo musical. Su aparición enciende algunas alarmas entre artistas, mientras que otros están preparados para compartir escenarios con ellos.
Uno de los ejemplos más emblemáticos es el de Xania Monet, que tiene más de 960 mil oyentes mensuales en Spotify. Su canción How Was I Supposed to Know? fue lanzada hace tres meses, ya cuenta con 2,8 millones de visualizaciones en YouTube y debutó en el puesto 30 de la lista Adult R&B Airplay gracias a sus reproducciones en estaciones de radio estadounidenses y su viralización en videos de Tik tok. A su vez, tiene otras canciones como Let go, Let God que alcanza las 9 millones de vistas en YouTube.
Detrás de Monet se encuentra la poeta de Misisipi Telisha Nikki Jones, que escribe las letras y utiliza la IA generativa Suno para convertir el texto en canciones. Allí, los usuarios introducen la letra, y la IA se encarga del resto, inclusive de elegir un género musical para el resultado final. Así, a mediados del año pasado, Monet firmó un contrato discográfico de 3 millones de dólares con Hallwood Media.
El caso de Breaking Rust también llama la atención. Es un cantante de música country que tiene más de 2 millones de oyentes mensuales en Spotify. Su canción Walk My Walk consiguió el primer puesto en la lista de ventas de canciones digitales country de Billboard. Actualmente, este tema supera las 19 millones de escuchas en Spotify y otras canciones como Livin’ on Borrowed Time y Whiskey don’t talk back acumulan 21 millones y 5 millones respectivamente.
En Argentina, quien resuena es Lumi-7, la primera cantante nacional hecha íntegramente con IA. Creada por el director musical Diego Tucci y el integrante de la banda Lo’ Pibitos Andrés Arbe, fue lanzada a fines del año pasado con una impronta de artista pop y su primer single se llama “La flor de la vida”. Según detallaron sus creadores en diversas entrevistas, el objetivo de este proyecto es combinar el uso de la nueva tecnología con el trabajo de los seres humanos. En otras palabras, aceptar la IA y coexistir con ella.
Así, su próxima LP se llamará Monstrua y, según se define en el sitio web oficial, se trata de “un proceso de identidad que reconoce que la flor de la vida también puede crecer entre cables. Una obra para quienes no buscan etiquetas, sino una conexión pura entre lo que fuimos y lo que estamos siendo”.
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¿Momento bisagra?
En diálogo con la Agencia, Natalia Perelman, directora de la Tecnicatura Universitaria en Producción Musical y Nuevas Tecnologías de la UNQ, manifiesta: “Estamos viviendo un momento bisagra. La IA está hace mucho, pero se usaba como una herramienta de edición o mezcla. Lo que estamos viviendo ahora es un reemplazo de algo que se consideraba que tenía que tener ineludiblemente un aspecto humano: la música”.
Según reflexiona Perelman, miembro de la Academia Latina de Grabación y de The Recording Academy (ambos conocidos por los premios Grammy), la IA no va a dejar de estar pero la urgencia corre por el lado de la regulación. “Las grandes discográficas, como Sony, Universal y Warner, tienen que sentarse a debatir con las agrupaciones de músicos, intérpretes, productores y demás, con las distribuidoras intermediarias y con los grandes streamings, como Spotify y Amazon. Que se regule no quiere decir que va a dejar de existir, sino que este fenómeno va a desarrollarse dentro de determinados carriles que van a cuidar los intereses de personas que podrían ser afectadas”, explica.
En este sentido, el año pasado, las grandes discográficas demandaron a servicios como Suno y Udio por generar música que infringe derechos de autor al estar entrenados con obras protegidas y no tener licencia. “No se ve una oposición de estos sellos por la irrupción de la IA, sino más bien creo que el rol de esta tecnología va a estar regulado según la cantidad de regalías que les deje”, asevera Perelman.
La compositora es clara: no sabe a dónde va a terminar esto, si será una moda o llegó para quedarse. Lo que sí cree es que el valor humano es irremplazable. Así lo plantea a la Agencia: “Hay un aspecto humano y colectivo en hacer música entre personas y es que uno no se encierra con una computadora o un teléfono, sino que se junta con compositores, productores, intérpretes o editores que contribuyen con sus saberes. Creo que una vez que pase este boom, las personas van a desear una transmisión directa de un ser humano que le cuente una vivencia personal o su historia”.
De todas maneras, el debate apenas comienza. Muchas preguntas quedan abiertas: ¿qué sucede con quienes no pueden pagar a cada una de las personas que se necesitan para componer un disco? ¿La IA se posiciona allí como una herramienta que democratiza el acceso a hacer música? ¿Quiénes ganan? Y lo que aún significa más: ¿Quiénes pierden?
