EMPLEO, SALUD Y VIDA SINDICAL EN UNA REALIDAD QUE INTEGRA LA VIDA LABORAL E IMPACTA EN LA SUBSISTENCIA DIARIA.
Por: Róger Hernán Gutiérrez.
Leyendo parte de un informe federal sobre pisos de protección social, encuentro una situación realmente caótica para las personas trabajadoras que subsisten el día a día entre estos factores cada vez más alejados de una real protección humana; y sin los anticuerpos necesarios en lo sindical para enfrentar con posibilidades mejores tal realidad.
Es fundamental el entorno cercano, después de graves situaciones estructurales del país, como la guerra civil, la imposición de modelos económicos excluyentes y concentradores de la riqueza producida, además de ejercicios de gobierno totalmente alejados de los intereses de la gente, que claramente afectaron la economía, lo social, lo político y cultural, donde el resultado concreto es la fragmentación, la desunión, la desarticulación, la falta de cohesión, de identidad, de solidaridad, intra y extra generacional, que mantienen de manera reducida el núcleo familiar, las amistades y pares laborales, en una total desarmonía psicosocial.
El entorno laboral es bastante inestable y las brechas de inclusión a personas por diferentes motivos, que acuden a un plano de vínculos familiares, comunitarios-amistades, y los colegas en un puesto, en determinadas funciones y niveles de responsabilidad similares, que actúan como apoyo directo en la mejora del desarrollo profesional, la productividad y el clima laboral, en determinadas urgencias, compartir información y abrir puertas a trabajos, se presentan vitales, sólo afectados por este acumulo de desconfianzas e insolidaridad reinantes en mucho del contexto y la cultura en que se vive.
En el entorno organizativo, el sindicato continúa por un lado en anquilosamientos que no le sirven y son un lastre a nuevas visiones de un desarrollo resiliente en todo momento, por otro lado hay organización sindical con elementos fuertes en la estructuración de base con comités específicos de diversidad, juventud, mujeres y otras estructuras para abordar con mayor propiedad los asuntos del resguardo de derechos, la orientación para ejercer una defensa y acompañamiento ante acciones de grupos empresariales, supervisiones, oficinas de recursos humanos (anquilosadas), expresiones del capital, grupos dominantes en lo político-económico y social, que atacan y menoscaban, anulando, discriminando la naturaleza humana por razones de edad, diversidad genérica, sexo o afiliación sindical, entre otros intereses.
Y más donde se manifiesta una enorme debilidad, en mucho dolosa, bastante corrupta es en las instituciones públicas, hoy poco o nada receptivas a la necesidad y cumplimiento jurídico de derechos de la ciudadanía; una mínima existencia de organismos de derechos humanos por el contexto de anulación de derechos fundamentales dentro del régimen de excepción impuesto, las plataformas feministas y de derechos lgtbiq+, que son débiles ante una cultura conservadora en extremo, sin política clara en la reivindicación para este tipo de personas. Además de clínicas, ciertas universidades, iglesias abiertas y/o selectivas, pero con una acumulación muy débil de fuerza organizativa para contrarrestar la agresión, y por las razones de acciones de gobierno hacia su desarticulación y mínima expresión de intereses solidarios. Esto está referido a apoyos capilares, de micro-redes del cuidado, y hacia alianzas estratégicas de mayor escala.
No obstante, se trabaja en amortiguar, sin resolver, en cuestiones inmediatas en empleo e ingresos, canalizar la atención en salud y la orientación legal, se trabaja en cambios institucionales en sindicatos y mesas públicas. En una estrategia de resiliencia, por lo complejo no sólo centrada en un actor, sino varios que descansa en una base sindical de convergencia, colectivos especializados y alianzas institucionales con prioridades definidas y una ejecución participativa y con responsabilidad clara.
Los derechos por hoy como el empleo, la salud y fortalecimiento sindical, no se acompañan de manera fuerte y decidida en las trayectorias laborales, y eso hace una mayor dispersión, y una clara dificultad para enfrentar un diferente contexto económico-social y de cambio en el mundo del trabajo; las dificultades son claras en los factores bajos del desempleo, pero los altos índices de informalidad laboral no son presión para posibilitar un mayor contexto de formalización de la fuerza laboral, les conviene a las empresas esa lógica, por cuanto encuentran mano de obra barata, y hasta prolifera el pago en especie, además de un alto nivel de corrupción en los procesos de administración en el reclutamiento y contratación de personal, trayendo como consecuencia mayores niveles de discriminación para otros grupos laborales.
Esta situación encuentra una altísima baja cobertura en protección social, la informalidad no cotiza y la cotización en una mayoría con salario mínimo, con empleos precarios, de corta duración, tampoco sostienen el sistema de pensiones, dando pauta a una insostenibilidad financiera mayor. Es similar en la cobertura de salud, donde la cobertura contributiva del ISSS es del 14.7%, son 7 de cada 10 personas sin seguro de salud—siendo de mayor afectación los derechos a beneficiarios, un ejemplo los rangos de edades (16 a 29 años) el 73.6% no tiene seguro; 19.3% es el que cotiza y sólo el 5.0% accede como beneficiario(a).
