El Salvador: más de 200 pacientes renales sin recibir hemodiálisis. Andan del «timbo al tambo» buscando ser atendidos.
«Para nosotros, no recibir la hemodiálisis es una sentencia a muerte». Así lo advierten pacientes con insuficiencia renal que son atendidos en el Hospital Nacional Rosales y que denuncian que sus vidas están en riesgo, debido a que en los últimos días este tratamiento –hemodiálisis– ha sido suspendido.
También se quejan por la falta de agua al interior del principal hospital del país, de la escasez de medicamentos para tratar su enfermedad y de la falta de insumos básicos en ese centro de salud pública. Es más, denuncian que, debido a esa interrupción del tratamiento, «ya se han perdido vidas humanas».
Para los pacientes con enfermedades renales, la hemodiálisis es algo determinante para mantener el soplo de vida. No es una cita médica más, sino que es la diferencia entre vivir o morir, señala un paciente.
A la sala de redacción de YSUCA llegaron una serie de denuncias de personas afectadas por esta situación. Son personas que relatan temor de que su situación pueda llevarlos a la muerte. Sus testimonios reflejan graves problemas de salud, endeudamiento, preocupaciones, sin dejar de mencionar el deterioro físico y emocional. En su mayoría, son ciudadanos de escaso recursos.
Recientemente, varios pacientes grabaron videos donde se quejaban de que no se les estaba brindando las hemodiálisis necesarias y mencionaban la escasez de medicamentos en el Hospital Rosales. El material audiovisual evidencia la realidad que sufre este grupo de personas vulnerables, en varios aspectos.
Este medio conversó con varias personas afectadas y documentó en audio más de cinco casos que reflejan las precarias condiciones en las que viven los afectados. Además de pobreza, hay sufrimiento y mucho dolor, eso se refleja en sus palabras y sus rostros. Sin embargo, solo pasaron algunas horas de las entrevistas cuando algunos afectados comenzaron a solicitar que ya no se utilizara sus declaraciones en audio, texto e incluso en los vídeos de sus denuncias.
Algunos argumentaron con claridad que su decisión se debía a temor por posibles represalias, otros matizaron al explicar que algunas personas conocidas les habían llamado para decirles que sus declaraciones se estaban usando con fines políticos. Otra persona justificó su cambio de opinión indicando que no quería dejar mal al Estado salvadoreño, ni al mandatario.
«Yo estoy muy agradecido con mi presidente», dijo uno de los afectados por la falta de diálisis en el Hospital Rosales. Es más, esa persona aseguró que el jueves pasado sostendrían una reunión con un trabajador del gobierno que les daría opciones de ayuda.
También dijeron que preferían no opinar sobre el tema porque alguien de la diáspora les ofreció ayuda para mejorar las condiciones que enfrentan los enfermos con insuficiencia renal, atendidos en el sistema público de salud. Entre los entrevistados que hicieron sus denuncias, pero que luego se retractaron de que se publicaron sus casos, se encuentran personas que viajan desde el interior del país, viven en condiciones precarias y enfrentan un cuadro complicado de salud.
Un dato importante es que la mayoría de los denunciantes coincidieron en el anhelo de que sus denuncias lleguen a oídos del presidente porque, según ellos, él les brindaría apoyo al conocer sus casos. De hecho, según el criterio de algunos de los enfermos renales afectados, el problema con la suspensión de las hemodiálisis y falta de medicamentos es responsabilidad de la jefatura del área de nefrología, donde ellos asisten, y no de la ausencia de políticas públicas que solventen la situación de manera estructural.
«Si el presidente se da cuenta de esto él nos ayudará», insistían. Sin embargo, no todos desistieron de hacer sus denuncias. Hay otros pacientes con la enfermedad, que tienen un criterio diferente y exigen al Ministerio de Salud que se ponga atención a sus demandas para que ellos puedan tener garantizada una vida con condiciones dignas. Estos son algunos testimonios.
«Es un tema de vida o muerte»: madre denuncia suspensión de hemodiálisis para su hija en el Hospital Rosales
Cada lunes y jueves, antes de que salga el sol, una madre sale de una casa ubicada lejos de la ciudad rumbo al Hospital Rosales. Ella va acompañando a su hija de 24 años con la esperanza de que pueda recibir el tratamiento que le permite seguir con vida. En esta entrevista cuenta que su hija depende de la hemodiálisis desde hace diez años. La madre relata que la joven fue sometida a una delicada operación en un hospital público de San Salvador.
También recuerda que en el momento en que se le dio el alta médica a su hija, el cirujano le manifestó claramente que debía continuar con su tratamiento de forma regular para evitar la acumulación de toxinas en su cuerpo. No obstante, esa indicación médica no siempre puede cumplirse, dice la mujer.
«Ese mismo día que la operaron fui a hablar al área de hemodiálisis para ver si le daban el tratamiento, pero me dijeron que no había cupo», expresa la madre con voz angustia.
La mujer avanza en su relato y menciona que, en ocasiones, ha logrado conseguir un espacio para el procedimiento, pero se queja de que las sesiones de hemodiálisis no se las dan completas. No le dan las cuatro horas, sino únicamente dos. «En ese tiempo no se logra limpiar los líquidos ni los tóxicos del cuerpo», advierte.
Al profundizar en este caso se logra identificar la constante preocupaciones que vive esta familia al no contar con recursos para pagar una hemodiálisis privada que cuesta entre $150 y $200. «Como madre, duele ver a un hijo así. No es fácil para ellos ni para nosotros. «Son jóvenes, ancianos, adolescentes, son seres humanos y tienen derecho a vivir», insiste la afectada. Entre lágrimas, la mujer pide la intervención de las autoridades.
No tenemos un área específica para la hemodiálisis
No es el único testimonio. Este medio documentó el caso de un paciente al que llamaremos Martín, tiene 40 años y padece insuficiencia renal crónica desde hace casi 20 años. Detalla que comenzó a sentirse bastante mal en el 2005 y que esperó algunos meses para iniciar el tratamiento de hemodiálisis.
Martín describe lo que para él es vivir con este padecimiento. «Vivir con insuficiencia renal es durísimo».
«Usted pierde definitivamente el riñón y lo que usted come y bebe va intoxicando la sangre, entonces si pasa un día o dos días sin tratamiento, ya al tercero usted empieza a sentir fatiga, cansancio, se hinchan los pies, ya no se puede dormir acostado porque se cansa, siente que se ahoga, da nauseas, la presión se dispara por el líquido», explica un enfermo.
«Entonces todo eso es una bomba de tiempo para uno. Si usted llega a su cita y le dicen no, no va a haber hemodiálisis, váyase, entonces eso se va acumulando y llega un momento en que usted es como una vejiga y revienta», agrega.
El hombre que padece insuficiencia renal comenzó a ser atendido en el Rosales en el 2017. Sin embargo, expresa indignación por la atención que el principal centro de salud está ofreciendo a él y sus compañeros que viven bajo vulnerabilidad.
Martin menciona que desde hace 10 meses comenzó a escuchar que los profesionales de la salud dicen que, debido a la falta de agua en el Hospital Rosales, se suspenden las hemodiálisis programadas a pacientes que llegan dos días a la semana.
Este medio verificó el carné de identificación del programa de hemodiálisis que el Hospital entrego a Martín, donde se evidencia que su tratamiento está programado para los miércoles y sábados de 9:00 a.m. a 13:00 p.m.
Las personas que autorizaron a YSUCA a publicar sus denuncias dieron detalles importantes que permiten describir la realidad y las condiciones en las que son atendidos estos pacientes. En este Hospital hay 60 máquinas para hacer los procedimientos de hemodiálisis. Con todos los pacientes existentes se hizo una separación en algunos grupos.
El primero ha sido ubicado entre el área conocida como el pasillo y el otro, en sector del sótano del hospital. Antes estuvieron en las cercanías del área de especialidades, dicen los afectados, al señalar que en el último año han sido trasladados a distintos lugares, debido a los trabajados de remodelación de ese Hospital. Con esa división grupal logran atender a 60 pacientes, organizados en tres turnos diarios. Es decir, actualmente ese Hospital puede dar tratamiento de hemodiálisis a un máximo de 180 personas al día.
200 pacientes no alcanzan un cupo regular para hemodiálisis
Para eso se establecido que un grupo asista los lunes y jueves, otro llega los martes y viernes y el otro se programa para los miércoles y sábados. Pero a pesar de esta distribución, las máquinas del Hospital no dan abasto y no logra dar la misma atención a todos los que enfrentan padecimientos renales.
Así lo afirman las fuentes que coinciden al expresar que la demanda de atención supera con creces la capacidad que estaba instalada en el Hospital Rosales. Según los testimonios recopilados, unas 540 personas con insuficiencia renal necesitan espacios semanales para hacer el procedimiento de hemodiálisis para poder continuar con vida. Pero, de esa cantidad, unos 200 pacientes no alcanzan un cupo regular para su tratamiento de hemodiálisis, dicen las fuentes. Las autoridades no han confirmado esta versión.
Los entrevistados detallan que, de las 30 maquinas ubicadas en el pasillo, cinco se han designado para los enfermos que no tiene un espacio de dos veces por semana como los demás. Estas cinco maquinarias dispuestas corresponden a las personas que van falleciendo o que por diferentes razones dejan de llegar. Esta realidad, dicen los afectados, hace que ese grupo de 200 enfermos renales reciban el tratamiento cada 10 o 15 días y no dos veces por semana como los demás. Las hemodiálisis les brinda una mejor calidad de vida, aseguran los enfermos renales entrevistados.
«Antes eran cuatro horas, después bajaron a tres y media, luego a tres, y ahora a veces solo nos dan dos horas», relata uno de los pacientes. Es así como la reducción del tiempo de hemodiálisis, sumada a la irregularidad en los turnos está provocando que muchos enfermos lleguen al hospital en condiciones críticas: cansancio extremo, dificultad para respirar, presión alta, calambres y necesidad de oxígeno.
Hay escenas que han dejado una marca en quienes esperan su turno para hacer el procedimiento. Hace aproximadamente un año, una mujer colapsó tras subir gradas porque los ascensores del área de especialidades no funcionaban. «Llegó ahogándose, convulsionó y a los tres días murió», relata una de las fuentes al expresar el impacto de este recuerdo.
Casos como ese, asegura, no son aislados. En las últimas semanas, pacientes que no recibieron hemodiálisis fallecieron, algunos del área del pasillo y otros del sótano. “Se muere uno o dos por semana”, afirma otra fuente entrevistada. Autoridades no han confirmado esta información.
Hace unas semanas falleció una mujer con padecimiento renal, cuentan sus compañeros. Se trata de una mujer de unos 65 años, andaba en silla de ruedas, la enfermedad le había dañado los huesos, dicen las fuentes que indican que ella viajaba desde Zacatecoluca para hacer el procedimiento en el Hospital Rosales. Hace dos meses llegó, un sábado por la mañana, para hacer la hemodiálisis en el hospital. Al llegar al lugar le dijeron que por falta de agua no podría hacer el procedimiento.
La mujer se retiró a su hogar y el lunes siguiente falleció, dicen las fuentes. Un familiar de la fallecida confirmó el deceso. Las fuentes aseguran que antes de ella falleció una joven de unos 25 años con el mismo padecimiento. Mencionan que ha habido personas que han muerto adentro del Hospital y que otras mueren en sus hogares por falta del procedimiento. Las autoridades de ese hospital no han confirmado esa información.
“Sin hemodiálisis, el cuerpo se va intoxicando. Uno ya no orina, se hincha y el cuerpo colapsa. No es exageración”, insiste Martín, quien habló bajo condición de anonimato.
Martín brinda fechas concretas de las ultimas suspensiones de estos procedimientos de Hemodiálisis para enfermos renales. El miércoles 10 de diciembre de este año no hubo agua en el sótano del centro hospitalario y a los pacientes que son atendidos en esa zona solo les dieron dos horas del tratamiento que debe ser de cuatro, dice.
Ante este panorama, personal de ese hospital les dijo a los pacientes que no llegaran el sábado 13 de diciembre porque no iban ofrecer el servicio. Eso ocasiono que algunos fallecieran, asegura Martín. Recuerda que hace un mes y medio no hubo agua en los pasillos y, según su relato, después de eso murieron tres compañeros enfermos que recibían el procedimiento junto a él.
En esa misma línea apunta otra persona que no es del grupo de Martin. Se trata de un hombre joven que considera que el tratamiento que recibe en el sótano del Hospital Rosales no es justo porque no se lo dan el tiempo necesario desde hace algunos meses. El joven cuenta que el lunes 8 de diciembre se acercó a ese centro médico a pedir cupo, pero le dijeron que no había espacio para sus hemodiálisis.
Piden ayuda con el traslado desde el interior del país
Las condiciones físicas del hospital agravan la situación. Las áreas de atención han estado en remodelación, sin espacios adecuados, con falta de oxígeno, ausencia de lavamanos, pisos en reparación y zonas de espera al aire libre, protegidas apenas por un toldo, según ilustran los denunciantes.
Los ciudadanos expresan otro problema. El personal de enfermería resulta insuficiente. Dicen que, en algunos turnos, una enfermera ha tenido que atender hasta cinco pacientes al mismo tiempo, cuando lo adecuado serían tres. “Están saturadas, necesitan más personal”, subrayan algunos enfermos renales.
Esta situación se vuelve incierta al conocer que este 23 de diciembre casi 2,000 empleados del Hospital Rosales fueron despedidos. Ante este panorama, Hernán Torres, psicólogo y paciente renal advirtió este martes en una transmisión en vivo del canal YouTube Patria querida sobre el riesgo que representa que se quite a las enfermeras con experiencia para atender a estos pacientes. ¿Qué pasará con los pacientes de hemodiálisis?, se preguntó el psicólogo.
Entre los entrevistados por este medio hay personas que mencionan que el costo del transporte es otra carga difícil de cubrir. Por ejemplo, una paciente que viaja desde el interior del país detalla que el traslado le cuesta más de $30 dólares. Asiste dos veces por semana a sus hemodiálisis y eso representa más de $60 dólares semanales en el pasaje, dice. Le cuesta caminar y se ve obligado a pagar transporte privado. “Hay días que ni para eso tenemos y nos toca caminar bastante para abordar el bus”, manifestó.
Por otra parte, los denunciantes mencionan algunos medicamentos fundamentales que no han encontrado en las farmacias del Rosales. Entre estos mencionan el hierro, el calcio, pastillas para el corazón y un suplemento nutricional especializado en forma de batido o fórmula líquida-. Las personas mencionan que pese a tener problemas de desnutrición, en ocasiones, no les dan ese suplemento necesario.
Ante este panorama surge la duda de qué es lo que sucede con los nuevos pacientes que llegan al Rosales con ese padecimiento y que no encuentran cupos. Una persona dice que ha escuchado que a algunos les recomiendan las diálisis ambulatorias para que les hagan en sus hogares, a otros les dejan diálisis rígidas cada ocho días.
Estas denuncias recopiladas representan la punta del iceberg, dicen las fuentes médicas al mencionar que solo se habla de enfermos renales del Rosales entre 18 y 60 años. Atrás quedan las personas de consultas ambulatorias y los menores de edad. Una fuente que pidió anonimato informo que en el Hospital de Niños Benjamín Bloom sucede algo parecido al Hospital Rosales. En ese lugar hay 94 menores con problemas renales. Hay dos jóvenes de más de 20 años con insuficiencia renal que el Bloom los sigue atendiendo por falta de cupos en el Rosales y otros hospitales.
Las fuentes detallan que a los más de 500 pacientes que reciben hemodiálisis en el Rosales se suman las personas que necesitan de diálisis ambulatorias y diálisis peritoneal intermitente. En datos, en El Salvador hay 52,102 personas detectadas con Enfermedad Renal Crónica. De estos, 3,382 reciben un tratamiento de sustitución renal; 1,609 están en diálisis peritoneal y 1,773 en hemodiálisis, según una publicación de El Diario de Hoy del 11 de noviembre pasado, donde cita datos que fueron compartidos por el ministro de Salud, Francisco Alabí, ante una Comisión de la Asamblea Legislativa.
Para esa cantidad de enfermos renales, el país solo cuenta con 70 nefrólogos. Una cifra que está por debajo de la meta de 20 nefrólogos por un millón de habitantes recomendada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), remarca la publicación.
A través de un correo electrónico, este medio gestiono la postura oficial de la doctora Tania Gabriela López, directora de la Dirección Nacional de Hospitales, y del ministro de Salud, Francisco Alabí. Se les preguntó si tienen conocimiento sobre estas denuncias sobre muertes por falta de hemodiálisis, si se han suspendido ese procedimiento en el Hospital Rosales, por qué falta agua en ese hospital y a qué se debe la falta de medicamentos como calcio y hierro que los afectados mencionan. Sin embargo, al cierre de esta nota no ha habido respuesta.
Mientras las autoridades guardan silencio, los pacientes renales del Hospital Rosales continúan enfrentando una realidad donde la falta de agua, medicamentos y atención oportuna, convierte cada día sin hemodiálisis en una cuenta regresiva hacia la muerte.
