Que su año nuevo sea feliz.
Por: Frei Betto.
Feliz año nuevo para quienes despiertan en 2026 sin la resaca de la culpa, plenos de una vida en la que la pasión supera a la desidia y el encanto teje luces donde la amargura suele bordar telas de araña.
Feliz año a quien no ahorra afectos, arranca de sí fuentes donde borbotean transparencias y no mira a quienes le son próximos como extraños pasajeros de un viaje sin albergue, playas u horizontes.
Felices quienes abandonan en el pasado sus excesos de equipaje y, corazones imponderables, limpian la tierra del orgullo y el tedio, y generosos, abrazan la humildad.
Un nuevo año para todos los que despiertan al son de preces y agradecen lo tenido y no habido, maravillados por el don de la vida, a pesar de tantas grietas en las paredes.
Un buen año para quien se alimenta con placer de frijoles y se complace en compartir el pan; la vida es dádiva, contracción del útero, espíritu glotón insaciado de Dios.
Que el año sea nuevo para aquellos que nunca maldicen y controlan la lengua, ahorran las palabras ácidas y siembran fragancias en las veredas de los sentimientos.
Sea feliz también el año de quien se cuida en el mirar y, si tropieza, no cae en el abismo de la envidia ni se pierde en oscuridades donde el pavor es solo el eco de sus propios temores.
Un nuevo año para quien se niega a ser viejo, para quien ambiciona todo nuevo: el cuerpo, el auto y el amor. Vivir es un gozo para quien acaricia sus arrugas y trata sus límites como la cerca florida de una choza en la montaña.
Que tengan un feliz año todo los que saben ser gordos y felices, endeudades y alegres, carentes de aliento, pero repletos anhelos de fortuna por venir.
Feliz año nuevo a los huérfanos de Dios y de esperanzas, y a los mendigos con vergüenza de pedir; a los caballeros de la noche y a las damas que nunca hicieron del espejo su termómetro de autoestima.
Felices sean también en el nuevo año los hombres ridículamente adornados, supuestos campeones de excelencias; quienes nada temen excepto la mirada implorante del hijo y la sonrisa irónica de las mujeres que no los quieren.
Felices sean las mujeres plenas de amor, y también de dolor, por quien no lo merece y que, ante el espejo, se descubren tan bellas por fuera cuanto se saben por dentro.
Sea nuevo el año para los borrachos que nunca tropiezan en impertinencias y para quien no conspira contra la vida ajena.
Feliz año nuevo para quien colecciona utopías, hace de sus manos arado y con su esperanza riega las semillas que cultiva.
Sean muy felices los viejos que no se disfrazan de jóvenes y los jóvenes que superan la vejez precoz; sus corazones absorben la edad dichosa de las emociones fértiles.
Muchas felicidades a los que traen en sí la casa del silencio y, por la tarde, ofrecen en sus portales chocolate caliente endulzado con sonrisas de sabiduría.
Un año feliz para los que no hacen ostentación vanidosa de sí mismos, tratan a la muerte sin extrañeza y juegan con el niño que los habita.
Feliz año nuevo a los sonámbulos que se equilibran en los cables que unen postes y a los que buscan luces en las esquinas de la noche.
Un año nuevo muy feliz para todos los que hemos jurado secuestrar los vicios con los que cargamos y no pagar el rescate de la dependencia; el futuro nos hará delgados por comer menos, saludables por fumar oxígeno, solidarios por compartir los dones y los bienes.
Feliz 2026 para Brasil que reúne en sí la geografía del paraíso terrestre, sin terremotos, tifones, huracanes, maremotos, desiertos, volcanes, glaciares, nieves ni montañas inhabitables. Que Dios nos conceda la bendición de tantos dones, libres de políticos que insisten en construirse para si el cielo en la Tierra con la materia prima del infierno colectivo.
Entre otros libros, Frei Betto es coautor, com Leonardo Boff y Mario Sérgio Cortella, de Felicidade foi-se embora? (Vozes).
